domingo, 13 de febrero de 2011

Para nadie

Luis Andrés Hernández Rodríguez*
Sábado, 11 de diciembre de 2010

Me senté para empezar a trabajar en la obra que he esperado tanto tiempo, después de ese sueño que transformó las imágenes que merodearon mi cabeza sin razón alguna por tantos años, comprendí más adelante que eran parte de lo que tanto anhelé, la unificación de diversos sueños y sentimientos, sí, ya era el momento de transmitirlos y plasmarlos en esa vieja máquina de escribir, heredada por mi abuelo paterno de profesión reportero de un diario local de un pequeño poblado cercano a Morelia. Estuve sentado por varias horas escribiendo y escribiendo sin dejar pasar ningún segundo ya que si lo hacía, presentía que las ideas quedarían en el aire. Entré en un momento de fantasía y me dejé llevar por la satisfacción que me produce el sabor del indeleble jazz, la catarsis se presentó y se impactó con mis neuronas empapadas en el éxtasis de mi próxima creación. Las horas se fueron acumulando y yo sólo creía en mí, sólo en mí, era la única persona que habitaba este mundo, yo sólo podía describirlo con tal exactitud, la desesperación por comprender y poder narrar la cosmogonía de este mi lugar fantástico turbaba y alteraba mis sentidos de percepción de la realidad. El sueño me derrotó poco después de servirme el último aliento de la botella de whisky, no recuerdo más. Desperté, esa luz infernal que petrificaba mis ojos me hizo levantarme del suelo, miré a mí alrededor, todo seguía igual, la gotera del lavamanos caía con la misma fuerza de siempre. Me acerqué a las cuatrocientas sesenta y dos páginas que había escrito la noche anterior, me dirigí al baño y las dejé caer por el excusado, las cuatrocientas sesenta y dos páginas, una por una, hasta que mi mano temblorosa encontró la calma, sentí frustración en ese momento y más tarde llegó el arrepentimiento, no logro comprender que fue lo que me llevó a esa acción inexplicable, no sabía si fue por que no valía la pena, ¿por qué lo hice?, no lo sé…

*Estudiante de Historia de la Facultad de Humanidades UAEM.

La criminalización de ser joven

Oscar Daniel Prado Ramírez*
Sábado, 04 de diciembre de 2010

El pasado 19 de noviembre, Joel Martínez, estudiante de la Facultad de Humanidades se dirigía a su casa. Salió de la escuela a las 11:40 de la mañana y al alejarse, aproximadamente a 200 metros de la escuela fue interceptado por una patrulla de la policía municipal, con número 2733 (la cual ya había observado a Joel una noche antes y unos minutos antes del hecho). Descendieron rápidamente dos elementos. Le dijeron en tono agresivo que lo iban a revisar, a lo cual él no se opuso. 
En seguida lo comenzaron a intimidar a través de frases como “¡te vamos a encontrar el clavo!”, “¡andas bien pasado, verda!”. Lo hicieron poner sus pertenencias (un celular LG, una grabadora de audio/mp3 para sus tareas y cincuenta pesos) dentro de la patrulla y le sacaron todo de las bolsas.
Le encontraron té de jazmín en un papel y enseguida le dijeron: “¡ya te chingaste!”, “¡te vamos a llevar al MP!”, “¡te van a poner una madriza los federales!”, “¡es ilegal traer cualquier yerba!”, “¡ahorita te vamos a coger!”.
Joel trató de explicarles que eso no era marihuana, a lo cual respondieron con empujones y esposándolo, lo cual provocó una lesión en la muñeca derecha, que se extendió hasta el dedo pulgar. Lo obligaron a bajarse los pantalones para revisarlo. Le hicieron que se quitara los zapatos para revisarle los calcetines.
Después de varias amenazas (“¡te va salir la multa como en seis mil pesos!” ,“¡no vayas a ir de puto, porque vas a valer verga¡”) le dejaron ir a cambio de sus pertenencias; las cuales se quedaron en la patrulla.
El punto nodal del asunto es la criminalización por la apariencia de algunos jóvenes que encuentran una identidad que se les estigmatiza, se les margina de la sociedad actual. Muchos de estos jóvenes son vulnerados, junto a otros grupos (adictos, mujeres, travestis, homosexuales, niños, niñas) por una desaprobación social, que provoca su subordinación frente a identidades calificadas de “correctas” por la moral en turno. El hecho de que estén vulnerados implica un agresor, alguien que ejerce una violencia ya sea verbal, psicológica o física. El agresor usa la descalificación o subordinación que se ha construido sobre ciertos estereotipos para ejercer una violencia con fines de dominio, lucro u otro abuso. Las preguntas son ¿estos delincuentes uniformados que patrullan alrededor de la UAEM son seguridad para la comunidad? ¿Existe un hostigamiento hacia la comunidad universitaria? Finalmente, el caso se turnó a la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos.

*Estudiante de Antropología de la Facultad de Humanidades UAEM.

El deseo por la piel

Ana Martínez Casas*
Sábado, 27 de noviembre de 2010

La industria peletera es aquélla que se encarga de distribuir y vender prendas cuya materia prima es la piel de animales silvestres que son cazados en su hábitat natural o la de animales que son específicamente criados en granjas para la obtención de su piel. Aunque esta práctica se remonte hasta los principios de la humanidad no significa que su uso contemporáneo sea viable o correcto, ya que el impacto causado a la biosfera, el sufrimiento y la muerte de estos animales son innecesarios: 
140 millones de animales son aniquilados anualmente debido a la industria peletera: No sólo se asesina a 20 millones de animales para utilizar su piel en prendas de vestir, sino que, en el proceso, otros 80 millones de animales caen en las trampas destinadas para los primeros, según Equanimal, una asociación que defiende a los animales. Los animales que caen en trampas pueden tardar horas en morir, sin mencionar que los animales en granjas son electrocutados, asfixiados, envenenados o apaleados para no dañar las pieles.
De acuerdo con la organización no lucrativa en pro de los derechos de los animales, AnimaNaturalis, esta cacería indiscriminada ha producido que especies como el zorro de las Malvinas y el visón del mar desaparezcan, y que otras se encuentren en peligro de extinción, entre ellas el ocelote, el tigre, el jaguar y el koala. Una de las principales causas de extinción de especies es la caza de animales por su piel.
Por otra parte, la cantidad de recursos que consume una granja es excesiva si tomamos en cuenta que en muchos países del mundo se sufren hambrunas. Por ejemplo, un abrigo de visón puede traducirse en 3.3 toneladas de alimento, y puesto que se utilizan 30 millones de visones por año, en total se emplean 1,650,000 toneladas de alimento para animales que posteriormente serán ejecutados y despellejados, reportó AnimaNaturalis.
En la actualidad, confeccionamos nuestra vestimenta con textiles naturales y sintéticos. El vestirse con pieles es un lujo que ya no podemos darnos, ya que en esta época de contaminación, deforestación y extinción de flora y fauna no podemos dejar de ser conscientes y responsables de nuestro papel, y ése es el de no consumir un producto que conlleva tantas consecuencias para el hombre y para el medio ambiente.

*Estudiante de Letras de la Facultad de Humanidades de la UAEM
luceln@hotmail.com 

De vez en cuando

Davo Valdés de la Campa*
Sábado, 20 de noviembre de 2010

De vez en cuando: sorpréndete y toma una calle diferente; no vayas al café de siempre; toma un camión al que nunca te has subido; usa Google para buscar una nueva banda de rock; escribe una carta sin destinatario.
De vez en cuando come una fruta desconocida, prueba una nueva posición para hacer el amor contigo mismo; llama a un número aleatorio y dile algo inesperado a la persona que conteste. 
De vez en cuando, cuando salgas de casa rumbo al trabajo, da media vuelta y regresa a tu cama. De vez en cuando entra al cine sin saber de qué trata la película. Cada determinado tiempo quema tu casa, tira todos tus calcetines a la basura, camina por el borde de tu azotea, interrumpe una boda gritando: “Yo me opongo”. 
De vez en cuando lucha por algo que valga la pena, incluso aunque nada valga la pena. Como Pedro Granados envía poemas efímeros en mensajes de texto; desaparece un día entero, busca animales abismales, escribe un cuento, cualquiera puede. 
De vez en cuando
Viaja sin ropa interior
Seduce a tu maestra
llora en público
siente el hambre
De vez en cuando no veas el final de un filme
recuerda la casa de tu infancia
recorta ojos de revistas y pégalos en tu espejo.
De vez en cuando platica con una prostituta, dile a qué le temes y deja que te abrace hasta dormir; busca el hotel más tétrico y solitario y pasa la noche; no dibujes cementerios tristes; escribe un epitafio para tu mejor amigo.
De vez en cuando paséate en un aeropuerto; fotografía tus pies, pregunta cómo llegar a una calle aunque sepas llegar; vende pasteles en una escuela y dónale las ganancias a un drogadicto.
Abre aleatoriamente la página de un poemario te dirá tu destino.
De vez en cuando toma una calle diferente a la que tomas, un día de esos tal vez cambias al mundo.

*Estudiante de Letras hispánicas de la Facultad de Humanidades

sábado, 12 de febrero de 2011

Se llama sabiduría, no profecías

Abel Caballero Sánchez* 
Sábado, 13 de noviembre de 2010

Es irrebatible que si el objetivo de la humanidad fuese el engrandecimiento de cuentas o frugales deleites personales ya nos hubiésemos extinguido, los apoderados rigen nuestras vidas como tiburones sobre un cardumen, la situación no es diferente a la época de la colonia, cuando los mismos caciques salteaban a sus proletarios recién rayados. Los medios de comunicación masiva son una batuta para nuestra conducta, usurpan nuestro tiempo, atención y recursos, con tantas distracciones nos impiden explorar otras áreas de nuestro inconsciente personal y colectivo, dominar capacidades ignotas de nuestra mente y transformaciones de nuestra percepción sensorial.
Pareciese que para la mayoría de individuos no hay más en la existencia que paredes, dinero y un circulo de conocidos, a eso le atribuyen el sentido de la vida y dejan que los altos dirigentes dispongan de todo su tiempo y esfuerzo, aun así se conforman con la ilusión de haber hecho algo de provecho. De allí la importancia de rescatar nuestras tradiciones y nuestra sabiduría ancestral, de hallar fuentes de conocimiento, no podemos relegar tantos siglos de lucha y desarrollo. Ya nos hemos percatado de que tenemos entre manos una época inimaginablemente importante pero debemos dejar de pensar como individuos para pensar como humanidad, como efigie de la naturaleza.
A un lado la fantasía de juventud, nuestro punto de partida son 4 000 años de reflexión, no nos faltan experiencias pues los más grandes pensadores de la historia nos comparten las suyas de la manera más franca, nos corresponde darles continuidad a la evolución y a la madurez de la humanidad.
Se ha desdeñado el contacto con Dios a cambio de religión adulterada y tecnología, y aún más absurdo relegamos de nuestra conciencia a la naturaleza, jactándonos del cuidado del medio ambiente, el cual es nuestra extensión, una parte tan pulcra como nuestro espíritu y que conformamos un todo.
Para subir al siguiente nivel debemos honrar a la humanidad, darnos cuenta de que es una vida en sí, estudiar sus etapas, valorar los errores porque nos encausan a aciertos y determinar el siguiente paso, al igual que a nuestra vida le da aliciente la muerte, la encomienda primordial es encumbrar el proceso y glorificar el final.

*Estudiante de Filosofía de la Facultad de humanidades UAEM

La ironía, puesta en escena del tropo

Dzoara Delgado*
Sábado, 6 de noviembre de 2010

La atención del espectador es captada de inmediato al ver que el escenario no es lo que convencionalmente uno esperaría. La iluminación, los uniformes de los capitanes, los movimientos de Allende figuran ese lenguaje poético del que Rosalba García es autora. Estos elementos que para algunos podrían ser un factor de distracción en cuanto al discurso que maneja la obra, en otro sentido la llenan de un color y vida que pocas veces se ve en el teatro de la entidad.
El giro humorístico que los personajes desarrollan en escena es un acierto a decir de la ironía que con apego se proyecta en “La conspiración vendida”. Obra dirigida por Rosalba García Gómez, y ganadora del concurso de teatro “Los Centenarios en Morelos”, dividida en tres actos, se estrenó el 25 de septiembre en el Teatro Ocampo y ha ido presentándose en diversos lugares del estado. Como complemento de la novela “Los pasos de López”, el montaje refleja la crítica social y política que el escritor Jorge Ibargüengoitia (autor de ambas obras), inyectó a su trabajo al utilizar, entre otros recursos retóricos, la ironía.
La historia se sitúa “en varias partes del centro de México, a mediados de septiembre de 1810”. Cuando los insurgentes fraguan una conspiración en la que se prevé que México quedará libre de ser una de las tantas colonias de la Vieja España y sobre las consecuencias que acaecen una vez que ha sido descubierta esta conspiración. Piezas imprescindibles en el tablero son: la esposa del corregidor, la temeraria doña Josefa Ortiz (Catarina Mesinas), el cura Hidalgo (José García), el delator canónigo Iturriaga (Armando Ramírez) y por supuesto el traidor de la obra, el capitán Arias (Humberto Romero).
Como dispositivo crítico del arte dramático, “La conspiración vendida” muestra un trazo de las debilidades y pasiones humanas por medio de la ironía. ¿Cómo afecta a los asistentes el uso de este tropo en una puesta en escena? Con actuaciones memorables como la de Héctor Zetina en el personaje del alcalde Ochoa o la del actor Armando Ramírez, la atmósfera es la de un público que se deja conducir en una trama que deja en entredicho el valor de los próceres de la patria. Esta puesta en escena irradia sensibilidad y esfuerzo, motivos que el Instituto de Cultura de Morelos, debiera considerar en la difusión de los trabajos artísticos.

*Estudiante de Letras de la Facultad de Humanidades de la UAEM

Las enfermeras y el visitado

Julio Muro*
Sábado, 30 de octubre de 2010

Observar el aparato político de una escuela ha sido gratificante y desconcertante, nos vuelve a la mente la náusea de presenciar los mismos actos impunes de siempre, la repentina sensación de un deja vu que descubrimos más tarde, lugar común, decirlo hoy es mera repetición.
¿Qué hacer cuando el poder, en cualquier ámbito, es la resignación suprema del ser, la raíz de cualquier cosa en potencia? Sólo puede ser la dialéctica del vencedor y el vencido, sólo queda ver en el vencido la luz que lo nombra, cuando seamos capaces de esto, el vencedor será algo que se ha quedado en el intento de expandirse e inocularse en cada átomo de este mundo.
Esto ocurre durante el proceso electoral que se está suscitando en la Escuela de Enfermería no. 4 dependiente de la Universidad Autónoma de Guerrero. Durante la visita ocurrida en días de campaña para elegir al director de la unidad académica, el panorama fue monótono, una vez más la inequidad. Verlo y contenerse es la estrategia de nuestros días, es más, ya no existe ese espacio para la conciencia crítica en nuestra sensibilidad, perdura el hecho de llegar y mirar la corriente que nos arrastra. No cabe la denostación, apenas las mismas palabras desgastadas.
A la vez que ocurre la náusea, ocurre el alivio, desde una trinchera mucho más subyugada aparecen los disidentes, los que vislumbran desde otra perspectiva, los contrarios, esos que buscan establecer una resistencia a los que se complacen con una corriente que terminará por ahogarlos en la “dulzura” de su Idea. La resistencia… esa palabra tan vejada.
Parece que luchar contra cualquier cosa que ejerza el poder con matices de abuso en el campo político y/o económico sólo es quimera. Lo normal (no utilizo las palabras común o cotidiano porque se me hacen poco) es que las cosas funcionen a través de las relaciones de poder establecidas, concretadas con el dinero, por lo tanto, con la corrupción, desembocando en la calumnia. No se puede renunciar al significado, pero sí cuestionarlo, este proceso no podía ser otra cosa que la realización de esta frase.
En la calumnia y el chantaje no existe la sutileza, ni siquiera un modo digno de sostener las estructuras de un sistema tan corruptible, la corrupción y lo sutil no pueden suceder al mismo tiempo.
La decepción y el coraje son incontenibles, desbordantes. La piel sufre ante el escepticismo arraigado, las llagas que casi nunca vuelven a abrirse, hoy se confirman.

*Estudiante de la Facultad de Humanidades UAEM.