sábado, 24 de enero de 2015

¿Qué sigue para Ayotzinapa y para México?

Angélica Ayala Galván*

En el «Festival de las Resistencias y las Rebeldías contra el Capitalismo» se reunieron en Oventik, Chiapas, el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y 31 espejos en resistencia contra diversos megaproyectos: minas, carreteras, gasoductos, presas. Los invitados de honor fueron los familiares y compañeros de los 43 desaparecidos en Iguala, quienes están conscientes que no son los únicos buscando justicia.
En esta reunión se hizo evidente que el país está en crisis, pero lo preocupante es la omisión del Estado mexicano. A cuatro meses de la desaparición de los estudiantes, las investigaciones realizadas resultan insuficientes y exponen la ineficiencia de las autoridades, la pregunta es ¿qué sigue para Ayotzinapa y para México? Por una parte, el gobierno busca dar «carpetazo» a este tipo de hechos, denigrar a los movimientos sociales diciendo que son violentos, posiblemente lo hacen para reiniciar una segunda guerra sucia como sucedió en la década de 1960 y 1970 en el estado de Guerrero.
Es innegable que las elecciones del 2015 serán un distractor, la clase política buscará dividir a la población, los candidatos llegarán a pedir el voto hasta los lugares más recónditos del país. Como señaló el papá de uno de los desaparecidos, don Mario César González «cuando nos van a pedir el voto nos dan la mano aunque la tengamos sucia».
Es en este contexto que los familiares de los desaparecidos claman verdad y justicia, hay desesperación, impotencia, pero ha sido el mismo dolor el motor para organizarse, exigir respuestas y caminar a lado de los pueblos que buscan detener a las transnacionales para que no invadan ni saqueen sus territorios.
La propuesta del Festival de las Resistencias es pasar de la indignación a la acción, crear la justicia desde abajo, regresar al trabajo comunitario, impulsando los ayuntamientos autónomos por medio de los usos y costumbres. La normal de Ayotzinapa seguirá con la búsqueda de los estudiantes y a la par buscará ser autónoma. Es un momento clave para México, construir y regresar a las formas de organización autónomas o quedarse en el país donde nunca pasa nada.

* Estudiante de Antropóloga Social de la Facultad de Humanidades, UAEM.

sábado, 17 de enero de 2015

Todos somos… ¿quién?

Patricia Romero Ramírez*

En los últimos tiempos, han surgido movimientos sociales a lo largo de todo el mundo, pues el descontento general es cada día más visible en la población. “Todos somos Ayotzinapa”, “Je Suis Charlie” y “Yo soy 132”, entre otros, han logrado, unificar de alguna manera a la gente, con la intención de hacer eco del descontento, de la rabia y la indignación por los muertos, el fraude, los atentados, la inseguridad y las injusticias mundiales en general.
Unirse a un movimiento y protestar contra los Estados fallidos es un punto de comienzo y una esperanza para que la situación en el mundo cambie; sin embargo, de pronto olvidamos que no solo es el caso de los 43 estudiantes desaparecidos, sino de los miles de ciudadanos, no solo mexicanos sino también extranjeros, que han desaparecido en México, aquellas mujeres, víctimas de un sistema machista y patriarcal, que día tras día desaparecen para después ser encontradas –si es que son encontradas− murtas, violadas, mutiladas, tiempo después. Asimismo, olvidamos que no solo es un atentado en Francia contra el Charlie Hebdo, sino todos los ataques que la prensa sufre diariamente. La libertad de expresión ha sido siempre coartada, los medios son manipulados y la información llega siempre solo a unos cuantos. Las amenazas y los atentados no caen únicamente en las oficinas de los diarios, sino también en los reporteros, en los periodistas independientes, bloggeros, activistas sociales, entre otros.
Cada movimiento es un grano de arena y un detonante para que la bomba por fin estalle, para que se produzca un cambio radical a nivel mundial; sin embargo, es necesaria la solidaridad y la unión de cada uno de los movimientos, necesitamos una movilización global. Cada uno de nosotros es ese muerto inocente en la guerra, el periodista asesinado, la mujer violada o asesina, los niños de la guardería ABC. Los movimientos no deben ser excluyentes, hay una necesidad de ser inclusivos, de aprovechar todos los momentos para alzar la voz, para que cada caso anónimo se convierta en público. Como dice Ismael Serrano, “la tristeza, si es compartida, se vuelve rabia que cambia vidas”, y compartir esa tristeza debería ser la bandera y el bastón.

* Estudiante de Letras Hispánicas de la Facultad de Humanidades, UAEM.
andro0717@gmail.com

sábado, 3 de enero de 2015

Ayotzinapa

Claudia Cruz*

Si ponemos las palabras violence, corruption and Mexico en la sección de noticias de Internet, vamos a encontrar reportes de la prensa internacional sobre el caso de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. La razón es claro, pues se trata de un caso  abierto en el que no ha llegado la justicia y  no se han solucionado los problemas de fondo, lo que hace probable que sigan habiendo desaparecidos  por parte del Estado. El problema no se puede superar hasta que haya justicia y se garantice la vida, mientras vamos a seguir encontrando corrupción, violencia y México relacionados con Ayotzinapa. 
En el ambiente se percibe la indignación y el enojo, y es que el suceso per se es inadmisible y el agregado por la manera en el que el Estado y las instituciones han respondido ha provocado movilizaciones masivas a nivel nacional. Hay un sentimiento generalizado en la sociedad mexicana, pues día a día nos encontramos con casos de corrupción, de muertes, de impunidad lo que hace que  esto no es un tema nuevo. Es por eso que el caso Ayotzinapa tiene tanta fuerza.
Este movimiento dentro del contexto nacional se ubica en una serie de sucesos donde la población ya se venía expresando por lo menos desde el 2011: El Movimiento de Justicia y Dignidad que encabezó Javier Sicilia por la dolorosa muerte de su hijo y el movimiento No Más Sangre en el 2011 que quería revertir la guerra contra las guerras; el movimiento estudiantil #YoSoy132 que rechazaba la manipulación mediática en el 2012 y las movilizaciones posterior a las elecciones que rechazaban a Enrique Peña Nieto como presidente; en el 2013 con las reformas energéticas y éste año el caso de Ayotzinapa. Los movimientos anteriores no han fracasado del todo, pues han ido más allá de su propuesta inicial, sobretodo han sembrando semillas de conciencia, lograron que la misma gente siga participando y que otros sectores de la población se una. Estos movimientos de los últimos años son coyunturales, son síntomas de una sociedad más organizada, más informada, más activa, es síntoma de una transición hacia algo, que espero, sea mejor. El caso Ayotzinapa ha logrado unir de nuevo a la sociedad, a sacarla del sofá para manifestarse, a luchar por un México mejor.  

* Estudiante de Historia de la Facultad de Humanidades, UAEM.
@HClaudiacruz


sábado, 27 de diciembre de 2014

Ni una bala más

Mauricio Morales*

Una bala está adentro del revólver. Las balas perdidas nunca llegan a su destino, ¿o sí? Por eso, desde ahora me convierto en un abstemio del armamento y de la violencia. No fui hecho para ese trabajo ni para generarlo, o tal vez esté a punto de cambiar de parecer.  
Son las cuatro y media. Me encuentro pensando la situación. Dos balas perdidas han causado problemas antes en mí. El primero fue el remordimiento; el segundo fue presenciar una pérdida involuntaria. No sé qué hacer. Me atrae mucho Karina, como para dejarme seducir y cumplir su voluntad, pero eso también significa guiarme por el deseo, el deseo de estar con ella. Quizá su padre es un obstáculo. Puede ser que el destino haya puesto esta arma en mis manos. Ya no sería una bala perdida, sino una bala bien aprovechada, una bala justiciera. Es hora. Saco el portafolio gris con el arma y la única bala que le queda. Me dirijo a su casa.
Llego a su patio. Está afuera. Me estoy acercando a ella. Nos vemos con un gesto de alegría. Pero qué… ¡si es su padre golpeador que está tras su espalda! Pretende golpearla, pero esta vez no pienso permitirlo. Abro el portafolio y tomo el arma sin importarme dónde estoy. Disparo contra él. Ella grita. ¡¿Qué hice?! El padre la había puesto enfrente de él para evitar ser herido. No puede ser. Otra bala perdida. Esa bala no era para ella, sino para él. Corro hacia ella y pido auxilio sin recibir eco, mientras el maldito me muestra una sonrisa burlona. Patrullas se escuchan desde lejos. Vienen por mí, lo sé. Afrontaré mi verdadero destino ahora. Un destino producido por las balas.
Toda bala es perdida. Toda bala ha sido perdida. Todas las balas que accioné son perdidas. Algunas para bien, otras para mal. Unas salvan, otras destruyen; destruyen la vida de otros, la vida de uno mismo. Unas son justicieras, otras transgreden la justicia. Desde ahora ni una bala más, ni una munición que represente dolor o destrucción, destrucción de individuos, de sociedades, de seres humanos. Sé que no por tomar esta decisión pararán los actos de violencia armados, pero sé que habrá un asesino menos en este mundo, un asesino involuntario si me puedo nombrar a mí mismo así. Las balas no terminarán de lastimar, la diferencia está en el uso efectivo que puede hacer un individuo de ellas. Las balas perdidas no valen menos que las balas “bien intencionadas”, ambas matan, únicamente el blanco cambia. Por eso, toda bala no debe ser perdida, ni siquiera debe de existir en el espacio, ni una, ni una bala más.


* Estudiante de Historia de la Facultad de Humanidades, UAEM.

sábado, 29 de noviembre de 2014

A cinco horas y el mundo de cuatro dimensiones se descubrió

Carla Martínez*

Faltaban cinco horas para que Santiago obtuviera el grado de doctor en Filosofía de la Ciencia. Abrió lentamente los ojos, colocó las manos debajo de la cabeza, flexionó la pierna izquierda mientras la otra quedaba paralela a la cama y miró fijamente el techo blanco de su habitación. Tomó su celular y le dio un vistazo a las noticias en su portal preferido. En primera plana aparecía: “Curiosity transmite imágenes de un universo de cuatro dimensiones”.
De inmediato salió de la cama y fue directo al ordenador, quería saber más detalles acerca de la noticia; entonces se enteró de que este universo tenía habitantes, quienes también eran de cuatro dimensiones. La NASA y los principales institutos de los países del G20 ofrecían trabajo a filósofos, antropólogos, sociólogos, politólogos, escritores, astrónomos, traductores, arquitectos, artistas y cualquiera que pudiera colaborar en responder la pregunta: ¿cómo explicarle a los humanos la posibilidad de un universo de cuatro dimensiones? esto con el objetivo de que se pudiera establecer contacto entre ambos mundos.
Santiago no lo dudó y empacó para ir a Chile, al Centro astronómico ALMA, el más grande y potente (al menos desde las definiciones de este mundo de tres dimensiones). Al llegar al sitio, la pregunta estaba respondida. No fueron los grandes especialistas los que dieron solución, sino que mujeres, homosexuales, bisexuales, transgéneros y otros representantes de grupos que han estado en lucha por reconocerse como habitantes con derechos igualitarios. La respuesta la dieron todos  apuntando a una idea común: “Llevamos mucho tiempo tratando de que comprendan que hay otras formas de vivir alternas a las que se define como las «normales», es por esto que tenemos un ejercicio de antaño de hacer explicitas las diferencias para explicar lo común entre nosotros”.
Los periodistas estaban subiéndose a sus respectivos carros, la rueda de prensa había terminado cuando Santiago bajaba del taxi; aún estaba a tiempo para ir a su examen, no obstante, decidió no ir porque su tesis sería destruida con la noticia de un mundo de cuatro dimensiones. Actualmente, él es editor en una revista literaria llamada Dimensiones des-conocidas, que se encarga de des-escribir, es decir, escribir los textos más conocidos de este mundo (planeta Tierra) en textos que describen todo en cuatro.

*Estudiante de Antropología Social de la Facultad de Humanidades, UAEM.

Carlamartigon@gmail.com

sábado, 22 de noviembre de 2014

Repensar la Revolución Mexicana

Mauricio Morales*

Cada año los mexicanos conmemoramos la Revolución mexicana, un movimiento bélico de corte político-social que transformó la vida nacional. Celebramos a nuestros “héroes” revolucionarios que contribuyeron a despojar a Porfirio Díaz del poder, con el objetivo de crear un Estado más democrático. Me atrevo a entrecomillar el calificativo de héroes, precisamente porque personajes como Zapata, Villa, Carranza o Huerta fueron considerados unos bandoleros, impostores o saqueadores en su tiempo. Por ello, vale  la pena preguntar: ¿qué celebramos entonces?
La invitación es la siguiente: repensar la Revolución mexicana. Si escudriñamos un poco este acontecimiento histórico, nos daremos cuenta que quienes “ganaron”, por decirlo de alguna forma, no fueron los pobres, sino los dirigentes de masas, los que tuvieron los medios para conducir la Revolución a un fin particular. La Revolución mexicana, de acuerdo con la definición de Arnaldo Córdoba, ha sido conceptualizada como “democático-liberal, agraria, popular y antimperialista.”
La Revolución mexicana tenía como objeto mejorar las condiciones de vida de los sectores sociales más desprotegidos: los obreros y los campesinos. No obstante, quienes más se beneficiaron de la lucha armada fue la clase media emergente, así como miembros de la clase alta proveniente del porfirismo. No resulta sorpresivo dicho resultado. Si Porfirio Díaz había justificado su estancia en el poder porque el pueblo mexicano no estaba preparado para la democracia, cabe preguntarse lo siguiente: ¿y después del porfiriato sí? No lo creo.
El balance crítico de la Revolución se traduce en una sociedad desfragmentada, donde los pobres o las clases más marginadas sufrieron los estragos causados por los políticos que se encontraban en el poder; las clases medias, por su parte, buscaron ascender social y políticamente; y por último, la clase alta se supo manejar en el contexto bélico con tal de no perder sus privilegios.
Ahora bien, ¿por qué es tan importante recordar la Revolución mexicana año con año? Precisamente porque fue una guerra civil que nos invita a pensar, o a repensar que los mexicanos si no nos ponemos en un proyecto mexicano común y justo para todos, tal y como sucedió con los constantes desacuerdos entre los bandos revolucionarios, seguiremos repitiendo la misma historia. Hoy por hoy, seguimos arrastrando esa pesadilla de la Revolución, anhelando lo que todavía no tenemos: consolidarnos como un país fuerte, con justicia social y democrática.


*Estudiante de Historia de la Facultad de Humanidades, UAEM.

sábado, 15 de noviembre de 2014

De Diógenes a Descartes.

*Miguel Ángel Romero Méndez      

El día de hoy, durante mi recorrido, fui testigo de un incidente digno de contarse: recorría el parque de los tlacuaches, aproximadamente a las 20:00 hrs, cuando me percaté de que dos personas discutían. Me acerqué y pregunté qué pasaba. El primero en responder fue el que se identificó como Diógenes Uribe, que dijo ser “filósofo, consejero aúlico de la verdad, maestro de los misterios pitagóricos y guardián de la casa del Ser”. Dijo que “repasaba el antiquísimo problema de la posibilidad de existencia del vacío” cuando percibió “clara y distintamente” que se acercaba a él “una jauría de perros ferales que parecían descender del mismísimo Cerbero”, frente a los cuales “Escila y Caribdis daban risa” y de la cual sólo pudo escapar gracias a que en su mochila llevaba varios voluminosos volúmenes de Hegel, con los cuales se defendió como la Providencia le dio a entender y gracias a los cuales pudo “salir airoso de tan difícil trance”. Afirmó que no era la primera vez que resultaba atacado por esas “bestias del infierno” y que la propietaria de tales fieras estuvo presente durante el ataque “sin inmutarse ni parpadear pese que a que estaba en riesgo una mente brillante”. La dueña de los canes, de nombre Irene Menchaca, rechazó la versión del filósofo. Dijo que no existía tal jauría de perros, que uno de los perros apenas medía veinte centímetros de alzada y que en ningún momento lo atacaron; que varias veces lo había sorprendido jugando; que esta ocasión no fue diferente y que vio  los perros jugaban con él antes de que estos le arrebataran la bolsa que traía en la mano y “el maniaco” empezara a perseguirlos mientras gritaba que no dejaría “que unos cuadrúpedos se burlaran de la especie de los bípedos implumes”. El filósofo Diógenes negó rotundamente que fuera cierto, pero posteriormente señaló que probablemente las personas tenían razón puesto que “no sería la primera vez que los sentidos engañaran a una persona”, incluso si la persona “es un filósofo de futuro prometedor”. Que sí, que recordaba “no en un sentido platónico sino en un sentido pedestre”, que había jugado con los perros, puesto que era más schopenhaueriano que spinoziano; que los perros le habían arrebatado la bolsa que contenía “una exquisita pata de vaca”; que los persiguió durante un rato antes de que su carrera fuera frenada por una bolsa de mano que se estrelló en su cara; que se levantó  y que por eso discutían.  Les dije dejaran de discutir y en su lugar  expresaran que necesitaban para zanjar el problema. Ella dijo que una disculpa por tratar mal a sus mascotas. Él dijo que  no tenía problema en disculparse siempre y cuando le repusieran su pata de vaca. Ella dijo que no tenía pata de vaca pero sí unas albóndigas. Él dijo que la res; pensante, extensa, en forma de pata o de albóndigas no deja de ser res y aceptó de buen modo.


*Estudiante de filosofía de la Facultad de Humanidades UAEM