Citlali Rossalí Salazar García
jueves, 18 de febrero de 2010
Centenario, bicentenario y mexicanidad
jueves, 11 de febrero de 2010
Filosofía para la vida
Jorge Alberto Ornelas Lizardi*
Sábado, 06 de Febrero de 2010
Filósofos prácticos: Sócrates: “Sólo hay un bien, que es la sabiduría, y sólo un mal, que es la ignorancia”; Diógenes de Sionope: “Probablemente los asnos se rían de ti, pero no te importa. Así, a mi no me importa que los demás se rían de mi”; Aristóteles: “Nos volvemos justos haciendo acciones justas, moderados actuando moderadamente, valientes haciendo actos valientes”. “Es lo mismo tener los ojos sin abrirlos jamás –decía Descartes– que vivir sin Filosofía”
Epicteto, filósofo estoico es rica veta de filosofía práctica. Eje de su filosofía es la frase: “No son las cosas las que atormentan a los hombres, sino las opiniones que se tienen de ellas.”
Para examinar la verdad de nuestras opiniones es necesaria la filosofía, pues con frecuencia damos por ciertas ideas que no lo son. Epicteto nos recuerda verdades, que de tan evidentes, hemos olvidado, como que sólo nuestros actos dependen de nosotros, todo lo demás no. Por lo tanto cuando hacemos depender nuestro bienestar de lo exterior, acciones de otras personas, situaciones del mundo, nos hacemos dependientes, y posiblemente infelices.
El Manual de Epicteto termina diciendo: “La primera y más importante parte de la filosofía es la que trata de la práctica de los preceptos”.
Quien quiera filosofía práctica puede empezar leyendo a Epicteto.
*Estudiante de Filosofía de
lunes, 1 de febrero de 2010
El libro rosa de los vampiros
Ana Martínez Casas*
http://lunaencajada.blogspot.com/
Sábado, 30 de enero de 2010
Desde el boom de Crepúsculo vemos atestadas las librerías con títulos como Vampyr, Yo, vampiro y Medianoche, pero, ¿cómo saber cuál leer? Les recomendaré Marcada, un muy buen intento de innovación en la literatura contemporánea de vampiros. Escrito por P. C. y Kristin Cast, es el primer libro de la serie La casa de la noche que hasta ahora consta de seis tomos.
En esta obra nos introduce a Zoey, una adolescente que es marcada con el contorno de una media luna color zafiro en la frente, lo cual significa que será sometida al cambio para convertirse en vampiro y deberá asistir a la escuela La casa de la noche. Una vez ahí, se da cuenta de que todos los alumnos tienen el mismo contorno azulado que ella pero, atravesado el cambio, la luna se les rellena y aparecen tatuajes en su rostro. Los que lo rechazan, mueren violentamente en una serie de convulsiones sangrientas.
Me parece que si bien la trama es una mezcla de la magia y la profecía de Harry Potter (Zoey puede controlar los elementos y es la elegida de Nyx –diosa de la noche de los vampiros-) y lo romántico de Crepúsculo, Marcada sobresale por lo original de la transformación vampírica y porque logra desprenderse del lugar común al humanizar a los vampiros y describir su condición como un padecimiento natural en lugar de una maldición, lo cual es un cambio de tono muy agradable a diferencia de las lamentaciones de Edward o de Louis.
A pesar de que Zoey termina con su novio humano porque es marcada, Heath la visita y Zoey, sin poder controlarse, bebe su sangre (un acto sumamente sexual entre un humano y un vampiro) y se crea un vínculo casi inquebrantable entre ellos. Pero Zoey se enamora de Erick Night, el chico más guapo y popular, y cree que él también siente algo por ella. Afrodita, ex novia de Erick, odia a Zoey e intentará hacerle la vida imposible.
Le llamo “el libro rosa de los vampiros” porque está dirigido principalmente a las adolescentes y bien se podría tachar de “literatura fácil”: el lenguaje que utilizan las escritoras es muy digerible y el fondo, telenovelesco. Y es verdad, Marcada peca de comercial, pero su ingeniosa historia hace de él una buena y entretenida lectura.
*Estudiante de la Facultad de Humanidades de la UAEM
lunes, 25 de enero de 2010
De madrugada en la 13
Davo Valdés de la Campa*
Sábado, 23 de enero de 2010
Adormilado llego a Tejalpa, la avenida está todavía en sombras, en esta parte del mundo amanece. Le hago la parada a la ruta 13, voy rumbo a la avenida Universidad. La oscuridad no es total pero sí cubre con su manto la mayor parte de las sustancias materiales. Los rostros de la gente son manchas negras que miran el suelo, son siluetas difusas. Subo al camión, me instalo en la parte trasera junto a una ventana.
El sol ilumina débilmente desde algún lugar dentro de la Tierra, escondido tras el volcán. El cielo, que hoy amaneció estrellado, se tiñe de azul. Un azul oscuro que posado sobre las cosas las embellece, las convierte en poemas cotidianos. Se empiezan a apagar los astros, parpadean y se mueren.La avenida crece y se extiende frente al camión. Veo las luces de los faros que parecen infinitos, lacrimosos iluminan las banquetas sucias, veo los faros de los automóviles sangrar cada vez que frenan.
Las luces del semáforo cambiar y dictar el paso de los transeúntes, miro los anuncios perpetuos de los bancos, de los supermercados, de los restaurantes de comida rápida, siempre prendidos, siempre reproduciéndose. El azul del cielo se esclarece, los rostros de la gente se comienzan a vislumbrar, ojos cansados, gestos de dolor. Las calles semivacías murmuran en silencio y me estremezco. Los árboles y las palmeras parecen sombras dibujadas en el horizonte.
El frío se cuela por la ventana de la ruta, el viento se lleva las hojas de las jacarandas, las bolsas vacías de frituras, el sombrero del campesino que va en busca de trabajo a la Capital. Entre parpadeos de somnolencia las estrellas ya han desparecido y en su lugar comienzan a transitar aves por el cielo. Se escuchan los bostezos de las personas que comienzan a subir en La Luna, en los ficus los pájaros gritan anunciando la llegada del sol quien ya extiende sus brazos iluminando la ciudad. Las cosas comienzan a tornarse a su verdadera imagen, con sus colores vivos.
La madrugada se apaga y se lleva esa luz, ese azul cobalto que posado sobre los objetos los transforma en nostalgia. También se apagan los focos de los faros. La ruta 13 se empieza a llenar, muchos van rumbo a la Universidad, no todos a estudiar, no todos a enseñar. Miro por última vez las sombras que van huyendo en el horizonte, se posan durante un suspiro por los montes y se alejan volando hasta la otra parte del mundo.
* Estudiante de la Facultad de Humanidades de la UAEM.
lunes, 18 de enero de 2010
Como es la música así es el Estado
megamettAL_boy@hotmail.com
Sábado, 16 de enero de 2010
La música, según se ha convenido, adiestra al alma, la instruye en los terrenos de la armonía y el ritmo, implícitamente le da alguna propensión a la justicia. Un ser que se constituye con armonía difícilmente puede ser injusto. Así, participa en el curso definitivo de los problemas sociales y políticos.
Aceptando el definitivo axioma: “Como es el hombre así es el Estado”, resulta que la música como manifestación del hombre transfigura en emblema del estado. Cualquier criterio objetivo convendrá con que la música que colma nuestra sociedad no es por mucho la más grata.
La música representa a su época y contexto, así que cuando las leyes fundamentales del Estado cambian, deben cambiar asimismo las formas de la música. Procurarse de obras poco nobles constata poca nobleza en lo propio y en lo que se procura a los demás.
Es primordial saber discernir un buen artista de entre un cúmulo de pretenciosos, para idealizarlo y reconocerlo. Cito algunas reflexiones de la filosofía tolteca, ancestral cultura cuyo nombre se transcribe como artista: “El verdadero artista es capaz, se adiestra, es hábil; dialoga con su corazón, encuentra las cosas con su mente. El verdadero artista todo lo saca de su corazón; obra con deleite, hace las cosas con calma, con tiento, compone cosas, obra hábilmente, crea; arregla las cosas, gracias a él las cosas ajustan”.
Mientras la tendencia al lucro subyugue al espíritu, y la originalidad se permute a cambio de popularidad, seguirán proliferando los malos artistas. Como contraposición al buen artista, nuestros antepasados lo refieren así: “El torpe artista: obra al azar, se burla de la gente, opaca las cosas, pasa por encima del rostro de las cosas, obra sin cuidado, defrauda a las personas, es un ladrón”.
Las anteriores citas se ajustan no sólo a artistas sino a cualquier profesión. No se puede omitir que el Estado es lo que es, porque sus ciudadanos son lo que son, antes de esperar un mejor estado debemos dar mejores hombres.
No hace falta más que gozar de las riquezas emocionales y de la satisfacción de estar haciendo algo que mantenga ardiente la pasión por la vida. Podemos estar seguros que la música puede ser un haz de luz para alumbrar un alma, sociedad, cultura o país.
* Estudiante de Filosofía de la Facultad de Humanidades de la UAEM..
miércoles, 6 de enero de 2010
Esa manía que llamamos "amor"
lunes, 4 de enero de 2010
Celebración necesaria
César Hernández