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sábado, 28 de septiembre de 2013

Salud y placer entre nosotras

Samantha Brito
Sábado, 28 de septiembre de 2013

El ejercicio de la sexualidad de las mujeres con fines no reproductivos representan actos que transgreden y ponen en cuestión el orden masculino, el cual requiere para mantenerse de la sumisión y la represión de una sexualidad erótica, que además debe ser heterosexual y monógama, por parte de las mujeres. Dadas estas condiciones, las relaciones sentimentales y las prácticas sexuales entre mujeres, sean lesbianas, bisexuales o mujeres que tienen sexo con otras mujeres, están condicionadas por el estigma, la discriminación, la censura y sanciones que repercuten entre otras cosas, en la salud sexual.
Al momento de que las mujeres mantienen una diversidad en el ejercicio de su sexualidad, distintos son los obstáculos, principalmente la invisibilización de las prácticas sexuales entre mujeres, independientemente de la orientación e identidad sexual que ellas asuman, los cuales impiden garantizar su bienestar físico, emocional y sexual.
Ante esta situación, el Colectivo Pactos Violeta y Morelos sin Discriminación llevarán a cabo la actividad “Te cuido porque me importas, me cuido porque me quiero: Sexo seguro y protegido entre nosotras”, el cual se realizará el 5 y 6 de octubre, en un horario de 11:00 a 18:00 horas en las en las instalaciones del Instituto Morelense de la Juventud.
Estas actividades forman parte del proyecto nacional “Salud para nosotras” desarrollado por Acciones Voluntarias sobre Educación en México A.C y Musas de Metal grupo de Mujeres Gay A.C. El objetivo primordial consiste en desarrollar acciones de prevención de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) y VIH-SIDA entre este grupo específico de mujeres. Dentro de este proyecto, participaron alrededor de 50 mujeres activistas de 29 estados de la República.
Como parte de las actividades, se tienen contempladas la realización de talleres, exposiciones y conferencias magistrales, encaminados al ejercicio de la sexualidad libre y sin riesgos, por medio del sexo seguro y protegido. Con esto último, no se quiere decir que la protección y la prevención hagan de estas prácticas algo menos placentero, sino todo lo contrario. Uno de los elementos primordiales de esta propuesta de trabajo es poner sobre la mesa la necesidad de la erotización de los cuerpos más allá de los genitales, de la salud y la prevención. Es decir, el placer sexual puede lograrse y vivirse de otras maneras, mismas que no tienen que ser sinónimo de riesgo ni de violencia. Te esperamos.

*Estudiante de Antropología de la Facultad de Humanidades UAEM.
lamunequitaverde@hotmail.com

Literatura femenina, otra forma de resistencia

Patricia Romero Ramírez*
Sábado, 21 de septiembre de 2013

Dentro del orden patriarcal socialmente establecido, las mujeres siempre han estado posicionadas en un segundo plano, se le ha mantenido al margen de lo público, de las relaciones sociales e históricas. Alejadas de las esferas donde se supone que residen los poderes sociales, las mujeres están casi obligadas a permanecer en los espacios privados, en el anonimato, a actuar de manera pasiva; es el apoyo del varón, la acompañante del héroe, del caudillo, pero jamás la líder o la contrincante. Bajo este discurso se intentan mantener los ordenamientos socioestructurales de las instituciones patriarcales, las cuales legitiman la condición de subordinación de la mujer ante el hombre.
En este contexto, entre toda la lucha que se ha venido haciendo con el objetivo de reivindicar el papel de las mujeres y su participación en la sociedad, apoderarse de las herramientas con las que generalmente se les ha oprimido ha sido una forma de ganar aquellos espacios en los que siempre han sido tan marginadas. Así por ejemplo, al apropiarse de la palabra escrita para nombrarse y nombrar el mundo que las rodea, se consigue hacer una traducción literaria de su visión de mundo. Han conseguido convertir un espacio en el que siempre se las había traducido en un espacio de resistencia en el que pueden escribirse desde dentro, apropiándose de su historia, de su imagen y de su cuerpo, contarse a sí mismas desde donde siempre se les ha ubicado, desde la periferia, y con ello lograr salir, convertirse en el centro, ser narradas y ser narradoras.
De esta manera, si el espacio de acción y desenvolvimiento de las mujeres está marcado socio-histórica y culturalmente como el privado, entonces actuar desde ahí puede ser la forma de resistir, de crear nuevas identidades y nuevos posicionamientos. Así, la Literatura Femenina, al ser el producto de la propia interpretación y reconstrucción de la experiencia en función del contexto discursivo al que se tiene acceso, surge como una forma de resistencia, en la que se plantea la necesidad de recrearse a sí mismas, rompiendo con los arquetipos culturales construidos desde una visión androcéntrica del mundo. Se consigue en cierta medida alterar el orden discursivo y social, a través de los textos escritos desde su propia experiencia, se trasforma y se reelabora la identidad.

* Estudiante de Letras Hispánicas, Facultad de Humanidades, UAEM
andro0717@gmail.com

sábado, 6 de julio de 2013

Reivindicar las libertades

Samantha Brito*
Sábado, 6 de junio de 2012

Diversas organizaciones de la sociedad civil, entre ellas Morelos sin Discriminación, Colectivo Pactos Violeta y el Consejo Consultivo de la Diversidad Sexual, todas involucradas en temas de juventudes, género y lucha por los derechos humanos, emitieron un pronunciamiento en el marco del Día Mundial de la Diversidad Sexual, el cual se conmemoró el pasado 28 de junio en el Zócalo de Cuernavaca, con actividades lúdicas, culturales y políticas. 
El pronunciamiento se conformó principalmente de tres puntos: el primero es recordar que las vidas de las personas que no se ajustan a los estereotipos de género transitan entre la persecución, la intimidación, los hostigamientos, la muerte y la marginación, tanto en la esfera familiar, laboral e institucional. Además de vivir bajo un estigma -como enfermedad, pecado o delito- reforzado por el Estado, la Iglesia y los medios de comunicación masiva. Todos ellos como aspectos cotidianos y naturalizados. Entonces no asumir la heteronormatividad coloca a los individuos como blancos para vivir con violencia. 
El segundo punto fue enfatizar que los grupos humanos están organizados culturalmente bajo un modelo binario y jerarquizado: lo masculino como portador de los privilegios y lo femenino como la careta inferior. Por lo tanto, se reconoce que se requiere de un cambio cultural profundo para poder erradicar la discriminación, la invisibilidad y la violencia. Aún cuando esto es complejo, resulta alentador saber que las culturas, como construcciones sociales, históricas y dinámicas, son aprendidas; por lo que pueden ser replanteadas y/o erradicadas. 
El último punto comprenden las demandas para con el Estado, que son: legislar en materia de matrimonios igualitarios en Morelos, la libertad de elegir la orientación sexual y contar con el respaldo de los papeles oficiales de identificación que muestren la identidad adoptada. Más allá de buscar reproducir y perpetuar la dominación de este sistema con una institución como el matrimonio, legislar a favor del matrimonio igualitario permite brindar certezas que garanticen protección legal y económica a las parejas no heterosexuales.
Por tal razón, primero es necesario atreverse a pensar que es un derecho estar en igualdad de circunstancias y que las diferencias no deben potenciar la vulnerabilidad de mujeres y hombres, y así podemos preparar la conciencia para un cuestionamiento más profundo sobre las formas de sobrevivir que hemos construido y, con ello, buscar un replanteamiento de las culturas. Porque no cabe duda que poner en cuestión nuestras certezas, como pensar en la posibilidad de un amor y un erotismo no necesariamente heterosexual, monógamo ni nada que se le acerque a lo convencional, evidencia esa fragilidad nuestra y ese vértigo que nos causa el no orden. 
Este orden de las cosas naturaliza, justifica e institucionaliza la violencia contra la diversidad; es decir, contra aquellos que estén fuera de un grupo de hombres adultos, heterosexuales, blancos altos, delgados, creyentes, letrados, con propiedades o un gran poder adquisitivo. Este estereotipo logra que muchos de nosotros permanezcamos en una posición marginada, en la que no solamente se encuentran las mujeres –como suele pensarse- de eso podemos estar seguros y seguras. 

*Estudiante de Antropología de la Facultad de Humanidades UAEM.

domingo, 30 de junio de 2013

Violencia de género ¿un tema superado?

Edalit Alcántara Pérez*
Domingo, 23 de junio de 2013

Muchas personas miran con recelo el tema que da título a este escrito porque consideran que en pleno siglo XXI es una situación superada debido a que las mujeres incursionan en la política, la cultura, salen a trabajar, estudian y en algunos casos, deciden sobre sus cuerpos. Para las y los incrédulos, las mujeres que viven una situación de violencia es porque no tienen una autoestima alta que les permita valorarse y con ello fuerza de voluntad para cambiar su condición. Es más, algunos aventurados afirman que vivimos bajo un “matriarcado”. Sin embargo, analizando con detenimiento los contextos y las condiciones en que viven las mujeres, estas afirmaciones pueden ser desmentidas. Por ejemplo, en la política las mujeres siguen siendo minoría, tanto que se tuvo que establecer una cuota de género para nivelar la situación entre hombres y mujeres, además de enfrentar el fenómeno del techo de cristal que no les permite ascender a puestos importantes o de toma de decisiones. En lo que respecta a la cultura y la educación se debe mencionar que el mayor número de analfabetismo se concentra en la población femenina, debido a que muchas mujeres desertan de la vida escolar a causa de embarazos no planeados o que estas actividades no se consideran importantes para las mujeres pues de facto se les asigna el cuidado del hogar. La cuestión laboral no está libre de la violencia y discriminación, ya que las mujeres se enfrentan regularmente a bajos salarios y un mayor número de horas trabajadas. El derecho que tienen las mujeres a decidir sobre su cuerpo es un tema que merecería su propio espacio; no obstante, vale la pena resaltar que solamente en la Ciudad de México se puede acceder a abortos legales, seguros y gratuitos. En Morelos la interrupción del embarazo es un delito, con lo que el tema cobra tintes de justicia social porque las mujeres más pobres son las que mueren debido a abortos inseguros. 
Como puede apreciarse, las opiniones que minimizan la violencia de género y pregonan la existencia de un matriarcado son poco reflexivas, debido a que las mujeres entran a actividades del ámbito público con grandes desventajas y su presencia en éstos no garantiza que tengan acceso al poder.

*Estudiante de Letras en la Facultad de Humanidades UAEM.

¿Mujeres juntas ni difuntas?

Samantha Brito*
Sábado, 26 de marzo de 2013

Las feministas son, en efecto, diferentes, pero siguen siendo mujeres.
Marcela Lagarde y de los Ríos

Más que permanecer solamente en la reflexión general de la violencia contra las mujeres por parte de los hombres, es necesario que las mujeres que adoptan el feminismo como posición política recuperen la discusión un poco introspectiva y replantear cómo hemos entendido el feminismo y cómo nos relacionamos entre nosotras, qué patrones de violencia reproducimos en una lucha que busca reivindicarnos de todo el peso de la invisibilización de la historia. ¿Qué tiene de relevante la introspección sobre cómo es el encuentro entre nosotras? 
La vida social está organizada, de tal modo que las únicas maneras de existir son la familia o la pareja (siempre heterosexual por supuesto). No hay espacio para las expresiones alternativas de arreglos familiares o con una misma. Por lo tanto, se desarrolla un proceso de aprendizaje y asimilación de la soledad y el asilamiento para cumplir exitosamente con el rol pasivo y dependiente. Aunado a eso, desde pequeñas aprendemos a mirarnos entre nosotras como una metáfora de lo maldito, la mala mujer, la puta, la loca, mi enemiga. Al nombrarla “mi enemiga” es la única cualidad de la cual me apropio y automáticamente me distancio. Recientemente leía una columna que decía que tenemos derecho a ser malas mujeres. Pero ser “malas mujeres” es ser transgresoras, romper con esa tradicionalidad que reprime una sexualidad erótica, que obliga al sacrificio por los otros, al silencio y aislamiento. No aniquilar a la otra en términos de competencia por un bien masculino.
Uno de los aspectos que señala Marcela Lagarde que forma parte de ese amplio espectro de dominación que reconocemos como patriarcado, es ese extrañamiento entre mujeres, a lo cual se ha referido como escisión de género. Esta enemistad histórica que perpetúa la condición cultural de las mujeres en los lineamientos de la inferioridad por medio de la competencia es un fenómeno real que debe ser atendido por las feministas y activistas afines para poder consolidar la incidencia en la transformación política de las estructuras de opresión que nos coloca no solamente a las mujeres sino a gran parte de los grupos sociales en desventaja y con predisposición a vivir violencia.
Necesario es reconocer que existimos una diversidad compleja de mujeres que no siempre coincidiremos ni mucho menos se consolidarán negociaciones que concluyan en el consenso. Hay lugar para el conflicto y la rivalidad. Porque somos producto de una estructura que nos disciplina con violencia tanto a hombres como mujeres. El presentarnos con la careta de feministas e involucrarnos ideológicamente con el feminismo no nos garantiza destruir las desigualdades de género, es más asumámoslo, reproducimos el poder en la única manera que nos han hecho concebir nuestra visión del mundo: patriarcalmente. 
En este sentido, Lagarde puntualiza que las alianzas y los pactos entre mujeres que convergen de pronto en una amistad en sí misma, representa un acto revolucionario, una vez que tal como somos construidas culturalmente, estamos predispuestas a mantener distanciamiento entre nosotras privilegiando nuestras diferencias patriarcales. Pero es necesario, construir, si bien no la sororidad –hermandad entre mujeres- porque no es posible con todas por nuestra misma diversidad, sí aquella capacidad de negociación, búsqueda de consenso y por supuesto, mirarla como una potencial aliada para de verdad subvertir ese sistema que tanto nos daña. Reivindicar esa revolución siempre pendiente. Mi cuerpo es mío y ella no es mi enemiga. De otra manera es darle la vuelta.

*Estudiante de Antropología de la Facultad de Humanidades UAEM.
lamunequitaverde@hotmail. com

domingo, 17 de febrero de 2013

I love my vagina. Mi cuerpo es mío

Samantha Brito*
Sábado, 24 de noviembre de 2012

Una de las vías que se ha discutido como el camino para el empoderamiento de las mujeres es el tener control sobre su vida sexual, erótica y reproductiva, es decir, decidir por la maternidad o no y ejercer su sexualidad concibiendo al placer como un elemento necesario para su bienestar. Este proceso de empoderamiento tiene distintos niveles, implica más allá de la información que pueda obtenerse o brindarse. Nos encontramos ante obstáculos de naturaleza cultural que son el miedo y la culpa como mecanismos de control sobre el cuerpo de las mujeres aunado a un aprendizaje sistemático de su propia cosificación, es decir, las mujeres aprendemos a reducirnos a un objeto, una propiedad y una víctima.
El miedo es un elemento cultural que forma parte del imaginario social sobre el control de los cuerpos principalmente los de las mujeres, lo cual trae consigo una carga simbólica que resguarda lo permisible, lo prohibido y su respectiva represión. Cuando no nos sujetamos a ese miedo histórico y accedemos a ese placer tan satanizado como es el sexual nos provoca culpa, temor, inclusive la muerte. Por lo tanto, las mujeres no concebimos nuestro cuerpo como nuestro territorio y pertenencia. Culturalmente no se nos permite concebir más allá de este sentido existencial (masculino) que nos reprime y nos mutila sexualmente, vulnerando la salud en todos sus niveles, es decir, la violencia se nos ofrece como natural, merecida y acatada so pena de transgredir las expectativas sociales y merecer sanción. 
Por esta represión cultural es que tocarnos es malo, impuro, nuestro cuerpo es sucio al igual que las relaciones sexuales, la interrupción del embarazo es un asesinato, orillándonos a aprender que estamos predestinadas a la maternidad, a la violencia en nuestras relaciones erótica-afectivas, todo ello resguardado la monogamia, la heterosexualidad y el matrimonio que sólo miran hacia la subordinación y la dependencia. Ejemplo de ello es la masturbación como una forma de autoconocimiento erótico y un elemento clave para apropiarnos de nuestro propio placer, mirarnos, atrevernos a tocarnos, conocer nuestro cuerpo en general para una detección oportuna de algún padecimiento como es el cáncer de mama. Dentro de percibir la autonomía de nuestro cuerpo está el concebir que la maternidad voluntaria y la interrupción legal del embarazo representan derechos humanos que garantizan un bienestar integral de las mujeres. 
Es decir, podemos decidir qué hacer o no con nuestro cuerpo porque sencillamente nos pertenecemos a nosotras mismas. Y este aspecto, la apropiación del cuerpo representa el camino para lograr un proceso de autonomía, reconocerse como una sujeta de derechos y que dentro de sus derechos principales está el vivir sin violencia, el derecho al placer y a la vida. 

*Estudiante de Antropología de la Facultad de Humanidades UAEM.
lamunequitaverde@hotmail.com

sábado, 16 de febrero de 2013

Morelos y sus muertas

Edalit Alcántara*
Sábado, 15 de septiembre de 2012


-¿Por qué y para qué escribe?
Pero, señor, es obvio. 
Porque alguien
(cuando yo era pequeña)
dijo que gente como yo, no existe.
Escribo, porque yo, un día, 
adolescente, 
me incliné ante un espejo 
y no había nadie.
¿Se da cuenta? El vacío. 
Y junto a mí 
los otros chorreaban importancia. 
Rosario Castellanos 

Sentada frente a la computadora me obligo a escribir con la mayor objetividad, pero me es imposible, los feminicidios cometidos en el estado me tienen invadida de miedo, consternación e ira. El 19 de agosto observé en la primera plana de un periódico local, los cuerpos sin vida de tres mujeres, quienes se encontraban desnudas y amordazadas. Todavía estaba recuperando el aliento cuando la noticia del hallazgo de una cuarta mujer muerta cimbró mis oídos. A la fecha ya se suman más de treinta asesinatos en lo que va del año y 400 a lo largo de sexenio (Cocofem).
La respuesta de las autoridades ante la alarmante situación fue de una ineptitud e indolencia que asusta. Por un lado, tenemos a Marco Adame Castillo, gobernador del estado, que en el marco de la implementación del Plan Morelos Seguro (¿seguro?) declaró condenar estos actos de violencia y giró indicaciones para que se abrieran las carpetas de investigación sobre los casos, sin detenerse a pensar en emitir la Alerta de Género contenida en Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Por el otro lado, tenemos a José Herrera Chávez, titular del Consejo de Seguridad Estatal, quien mencionó que los feminicidios pudieron estar a cargo del crimen organizado, sin detenerse a profundizar en el tema, lo que equivale a leer entre líneas lo siguiente: “ellas se lo buscaron”, “si las mataron fue porque andaban en malos pasos”. Estaría bien que estos dos señores voltearan a ver a sus asesores y les preguntaran qué es violencia institucional porque eso es lo que están cometiendo al no implementar mecanismos efectivos con los que se logre sancionar y erradicar la violencia feminicida, a pesar de que ésta ya esté tipificada como un delito. Lo cierto es que para las autoridades del Estado las mujeres no existimos, nos han empujado a ser nadie. Pero no sólo los grandes jerarcas han invisibilizado a las mujeres, pues Mayela Alemán, presidenta estatal del DIF y esposa del gobernador, alienada a los valores de su partido ha permanecido en silencio ante la ola de violencia de género que vive el estado ¿acaso no conoce el término sororidad?

*Estudiante de Letras en la Facultad de la Humanidades de la UAEM.