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sábado, 6 de julio de 2013

Reivindicar las libertades

Samantha Brito*
Sábado, 6 de junio de 2012

Diversas organizaciones de la sociedad civil, entre ellas Morelos sin Discriminación, Colectivo Pactos Violeta y el Consejo Consultivo de la Diversidad Sexual, todas involucradas en temas de juventudes, género y lucha por los derechos humanos, emitieron un pronunciamiento en el marco del Día Mundial de la Diversidad Sexual, el cual se conmemoró el pasado 28 de junio en el Zócalo de Cuernavaca, con actividades lúdicas, culturales y políticas. 
El pronunciamiento se conformó principalmente de tres puntos: el primero es recordar que las vidas de las personas que no se ajustan a los estereotipos de género transitan entre la persecución, la intimidación, los hostigamientos, la muerte y la marginación, tanto en la esfera familiar, laboral e institucional. Además de vivir bajo un estigma -como enfermedad, pecado o delito- reforzado por el Estado, la Iglesia y los medios de comunicación masiva. Todos ellos como aspectos cotidianos y naturalizados. Entonces no asumir la heteronormatividad coloca a los individuos como blancos para vivir con violencia. 
El segundo punto fue enfatizar que los grupos humanos están organizados culturalmente bajo un modelo binario y jerarquizado: lo masculino como portador de los privilegios y lo femenino como la careta inferior. Por lo tanto, se reconoce que se requiere de un cambio cultural profundo para poder erradicar la discriminación, la invisibilidad y la violencia. Aún cuando esto es complejo, resulta alentador saber que las culturas, como construcciones sociales, históricas y dinámicas, son aprendidas; por lo que pueden ser replanteadas y/o erradicadas. 
El último punto comprenden las demandas para con el Estado, que son: legislar en materia de matrimonios igualitarios en Morelos, la libertad de elegir la orientación sexual y contar con el respaldo de los papeles oficiales de identificación que muestren la identidad adoptada. Más allá de buscar reproducir y perpetuar la dominación de este sistema con una institución como el matrimonio, legislar a favor del matrimonio igualitario permite brindar certezas que garanticen protección legal y económica a las parejas no heterosexuales.
Por tal razón, primero es necesario atreverse a pensar que es un derecho estar en igualdad de circunstancias y que las diferencias no deben potenciar la vulnerabilidad de mujeres y hombres, y así podemos preparar la conciencia para un cuestionamiento más profundo sobre las formas de sobrevivir que hemos construido y, con ello, buscar un replanteamiento de las culturas. Porque no cabe duda que poner en cuestión nuestras certezas, como pensar en la posibilidad de un amor y un erotismo no necesariamente heterosexual, monógamo ni nada que se le acerque a lo convencional, evidencia esa fragilidad nuestra y ese vértigo que nos causa el no orden. 
Este orden de las cosas naturaliza, justifica e institucionaliza la violencia contra la diversidad; es decir, contra aquellos que estén fuera de un grupo de hombres adultos, heterosexuales, blancos altos, delgados, creyentes, letrados, con propiedades o un gran poder adquisitivo. Este estereotipo logra que muchos de nosotros permanezcamos en una posición marginada, en la que no solamente se encuentran las mujeres –como suele pensarse- de eso podemos estar seguros y seguras. 

*Estudiante de Antropología de la Facultad de Humanidades UAEM.

domingo, 30 de junio de 2013

Cuando la violencia nos alcanza

Everardo Martínez Paco*
Sábado, 20 de abril 2013

En la calle ves imágenes en los aparadores de periódicos bañados con sangre, sigues caminando y los reproductores musicales de varios automóviles llevan consigo el soundtrack de alguna masacre, las mismas pláticas que escuchas a tu alrededor llevan consigo saliva bañada con sangre, las calles están llenas de violencia, nos hemos acostumbrado a la violencia. No hay un día en que no pensemos que tal vez sea el último de nuestra vida o si alguien de nuestros amigos caerá, claro está que no podemos predecir cuándo puede pasar esto, lo que sí podemos es prevenir, aunque claro esto no sirve de mucho cuando un genio de la maldad está al frente de dichas cosas.
Pasé mucho tiempo sin ver este tipo de cosas, en un estado como el mío (Guerrero) era raro ver este tipo de cosas, con esto no quiero decir que no pasaban, sino que no se veían; entonces pues, ¿cuándo es que te acostumbras a este tipo de cosas? poco a poco te haces a la idea de que te puede pasar a ti, que el día de mañana quizás no lo veas llegar. Es muy triste esta situación, el miedo se ve reflejado en los rostros de las personas que ves a tu alrededor.
Algunas veces queremos pensar que esto no está pasando, que la violencia es sólo un mito, hasta que te pasa, sí hasta que vives en carne propia lo que se siente jodidamente vivir la violencia, no acostumbrarte sino vivirla, tu mundo se viene abajo, es jodido sentir miedo en todos los poros de tu cuerpo, es realmente jodido no saber quién te atacará el día de hoy, ya no es si verás el día de mañana, se convirtió en quién me va a joder el día de mañana, resuelto esto, los altos mandos policiales y el otro bando no se preocupa por crear temor entre la gente, porque el temor ya está en la gente, poco a poco hemos empezado a vivir con un miedo constante, algo a lo que nos estamos acostumbrando.
Yo he sentido la violencia en carne propia, he visto, he vivido, lo he sentido, rabia, coraje, impotencia, miedo, pero hoy digo, basta ya, yo no me acostumbro a la violencia, ¿Qué harás tú? Levántate, lucha, hazte escuchar, no te acostumbres, lucha por tu vida y por tu dignidad.

*Estudiante de Antropología Social de la Facultad de Humanidades UAEM.
Face: Everardo Martínez Paco
Blog: http://tintaymierda.blogspot.com

Últimas divagaciones del migrante del american dream

Óscar Prado*
Sábado, 6 de abril de 2013

¿Cómo poder escapar al poder de estos hombres que parecerían haber salido de los árboles y de la tierra? Hombres que parecían alados por su velocidad, montados en sus corceles color miel. Estos seres cuasimágicos, con sus rostros pintados para la guerra y su piel cobriza como la nuestra, nos obligaron a hincarnos sobre la tierra. Nos amarraron a sus caballos cual si fuéramos unos becerros cualesquiera. Nos estaban asegurando, cuando de pronto se escuchó un tronido que dejó su eco regado en las cumbres: ¡Son los pinches gringos! ¡Se van a agarrar a balazos estos pinches pelados! ¡A jijo, gringos y apaches! gritaron algunos de la paisanada amarrada que se zangoloteaba. Quería zafarme, escapar y al mismo tiempo buscaba a Chinto desde mi propio apresamiento. ¡Pinche piojoso mundo, ahora sí nos van a llenar de agujeros! gritó Jacinto con su voz de escuincle “hulemiados” desde su propio lazo. Eso éramos en el fondo muchos de nosotros, los harapientos. Que para estas, ya estábamos bien metidos en un hoyo profundo y negro, esta escabrosa guerra. Con varias escopetas, pronto los blancos emboscaron y mataron a muchos de los comanches. Revestidos de una dignidad en el hueco de su muerte roja, los indios muertos hicieron que la pradera se llenara de espíritus que bailaban alrededor de los caballos, de los gringos y de nosotros. Las almas de estos hombres clamaban y llenaron de espanto nuestro corazón. El dolor parecía exhalar de las mismos orillas del río, de la misma tierra que triste lloraba la pérdida de sus seres míticos, del fin de su propia génesis. Asimismo, los blancos hicieron prisioneros a cuanto infeliz desamarraron de los caballos con todo y sus tripas vacías, haciéndonos descender un peldaño más. Uno más abajo hacia la tumba que la guerra había destinado para nuestro desdichado fin. Si bien nosotros, ansiábamos la vida. Si bien el objetivo de este viaje era ganar y ganar “verdes”, para acumularlos, para tener que ofrecer a nuestras familias. Para ofrecer algo a nuestra futura mujer. Entonces se me llenaban las ideas con una sola pregunta sin respuesta ¿por qué Dios parecía no recorrer estos solitarios parajes llenos de calamidad? Esa esperanza, el genuino apuro de sobrevivir para poder retornar a aquel camino curvo y a esa loma llena de polvaredas. El camino a casa estaba truncado por el odio de un puñado de hombres. Sin mediar palabra los blancos, que más bien eran mercenarios pagados por los propios rancheros acaudalados para robar ganado del lado mexicano y sembrar el terror, ataron al que estaba más asustado a uno de sus caballos y éste, tratando de seguirle el paso al caballo, terminó siendo arrastrado de forma atroz hasta llenarnos la mirada de muerte. Continuaron con otros que tuvieron incluso menos suerte. Al cabo de un rato estos se reían y nos pusieron a cavar las tumbas de los caídos y también las de nosotros. Y aunque esta historia termina con lo inevitable de nuestra muerte. Con lo que la miseria de nuestras vidas había trazado para nosotros desde que no hubo nada en esa tierra de la que nosotros nacimos, de la que nosotros terminamos huyendo para así, huir de nuestra propia hambre. Lo que para nosotros siguió fue el final de ese hueco en la panza, que es también el final de todos esos hombres y mujeres que no tuvieron la dicha de volver con los suyos. La otra historia que no está en estas líneas, que no se puede escribir. El dolor que queda después de este silencio infinito.

*Estudiante de Antropología de la Facultad de Humanidades UAEM.
huapangomurga@hotmail.com

¿Mujeres juntas ni difuntas?

Samantha Brito*
Sábado, 26 de marzo de 2013

Las feministas son, en efecto, diferentes, pero siguen siendo mujeres.
Marcela Lagarde y de los Ríos

Más que permanecer solamente en la reflexión general de la violencia contra las mujeres por parte de los hombres, es necesario que las mujeres que adoptan el feminismo como posición política recuperen la discusión un poco introspectiva y replantear cómo hemos entendido el feminismo y cómo nos relacionamos entre nosotras, qué patrones de violencia reproducimos en una lucha que busca reivindicarnos de todo el peso de la invisibilización de la historia. ¿Qué tiene de relevante la introspección sobre cómo es el encuentro entre nosotras? 
La vida social está organizada, de tal modo que las únicas maneras de existir son la familia o la pareja (siempre heterosexual por supuesto). No hay espacio para las expresiones alternativas de arreglos familiares o con una misma. Por lo tanto, se desarrolla un proceso de aprendizaje y asimilación de la soledad y el asilamiento para cumplir exitosamente con el rol pasivo y dependiente. Aunado a eso, desde pequeñas aprendemos a mirarnos entre nosotras como una metáfora de lo maldito, la mala mujer, la puta, la loca, mi enemiga. Al nombrarla “mi enemiga” es la única cualidad de la cual me apropio y automáticamente me distancio. Recientemente leía una columna que decía que tenemos derecho a ser malas mujeres. Pero ser “malas mujeres” es ser transgresoras, romper con esa tradicionalidad que reprime una sexualidad erótica, que obliga al sacrificio por los otros, al silencio y aislamiento. No aniquilar a la otra en términos de competencia por un bien masculino.
Uno de los aspectos que señala Marcela Lagarde que forma parte de ese amplio espectro de dominación que reconocemos como patriarcado, es ese extrañamiento entre mujeres, a lo cual se ha referido como escisión de género. Esta enemistad histórica que perpetúa la condición cultural de las mujeres en los lineamientos de la inferioridad por medio de la competencia es un fenómeno real que debe ser atendido por las feministas y activistas afines para poder consolidar la incidencia en la transformación política de las estructuras de opresión que nos coloca no solamente a las mujeres sino a gran parte de los grupos sociales en desventaja y con predisposición a vivir violencia.
Necesario es reconocer que existimos una diversidad compleja de mujeres que no siempre coincidiremos ni mucho menos se consolidarán negociaciones que concluyan en el consenso. Hay lugar para el conflicto y la rivalidad. Porque somos producto de una estructura que nos disciplina con violencia tanto a hombres como mujeres. El presentarnos con la careta de feministas e involucrarnos ideológicamente con el feminismo no nos garantiza destruir las desigualdades de género, es más asumámoslo, reproducimos el poder en la única manera que nos han hecho concebir nuestra visión del mundo: patriarcalmente. 
En este sentido, Lagarde puntualiza que las alianzas y los pactos entre mujeres que convergen de pronto en una amistad en sí misma, representa un acto revolucionario, una vez que tal como somos construidas culturalmente, estamos predispuestas a mantener distanciamiento entre nosotras privilegiando nuestras diferencias patriarcales. Pero es necesario, construir, si bien no la sororidad –hermandad entre mujeres- porque no es posible con todas por nuestra misma diversidad, sí aquella capacidad de negociación, búsqueda de consenso y por supuesto, mirarla como una potencial aliada para de verdad subvertir ese sistema que tanto nos daña. Reivindicar esa revolución siempre pendiente. Mi cuerpo es mío y ella no es mi enemiga. De otra manera es darle la vuelta.

*Estudiante de Antropología de la Facultad de Humanidades UAEM.
lamunequitaverde@hotmail. com

El mundo entre cerros

Angélica Ayala Galván*

Sábado, 16 de marzo de 2013

Dejar sentir, dejar vivir, sólo se trata de respetar los lugares sagrados que hablan cuando el viento estalla, cuando la lluvia cae y el fuego arde, cuando las nubes se mueven como si quisieran decir que todos esos paisajes son de todos aquellos que han sentido la adrenalina recorrer cada parte de su cuerpo, de aquellos que han entablado un sentimiento. El sentimiento de saber que la tierra no nos pertenece, que la tierra se defiende porque es la que nos arropa, es la dadora de vida.
Ahora por nuestros caminos vamos decidiendo nuestro destino, a cada paso se observan guerreros y doncellas caminando porque Yohualtepetl les está llamando, quiere seguir vivo, no quiere ser destruido, les dice que hay que romper las barreras y cadenas de la avaricia y apatía.
Por esta tierra en la que hemos nacido, vivido y donde queremos morir, porque es el espacio donde han quedado miles de corazones guerreros, espíritus y almas revolucionarias.
Por el mundo que tenemos es que miramos de frente, alzamos la voz y les contamos a todos aquellos que se acercan con armas y máquinas en mano, que Tepoztecatl sabrá responder a cada percance con valentía y sabiduría.
Tepoztlán es cuna del Tepozteco, guerrero que se ha enfrentado una y mil veces con adversidades. Ahora desafía una serpiente sin corazón, su piel es de concreto y va devorando todo lo que está a su alrededor, pero como en el pasado, una vez más la gente tepozteca escucha la sabiduría de sus montañas, está dispuesta a jugarse la vida por el derecho a defender algo más que el territorio, defienden la diversidad de mundos.
La gente sólo está pidiendo respeto y quien no pueda comprenderlo se topará con un pueblo que alza las voces de combate y avanza hacia adelante, luchando con garra y dignidad, porque esta vez se trata de cuidar a Tepoztlán desde una punta hasta la otra.

*Estudiante de Antropología Social de la Facultad de Humanidades UAEM.

domingo, 17 de febrero de 2013

Boxeo y sociedad

José Alejandro Ramos Soriano*
Sábado, 16 de febrero de 2013

El pasado 8 de diciembre de 2012, tanto los fanáticos como los indiferentes al boxeo pudimos ver en el encuentro “Márquez vs Pacquiao IV” una demostración de varios rostros del ámbito: el deportivo, el mediático y el político. Además de la función de técnica boxística fuimos testigos de los usos políticos y de mercado a los que está ligado el deporte, en pocas ocasiones un deportista pasa de héroe a villano en unos pocos minutos como le ocurrió a Márquez después de dedicar su victoria a Peña Nieto, por otro lado la posterior calendarización de una quinta pelea no puede menos que, evidenciar que la rentabilidad de una pelea rebasa los límites de los valores deportivos o los designios a los que está sometido el atleta.
Sin embargo lo importante del análisis de este hecho es todo el espectro de información sobre la importancia que tiene el boxeo en nuestra sociedad y comprender por qué un deporte tan violento sigue constante en nuestra sociedad, en específico en nuestro país que figura entre las más grandes tradiciones boxística del mundo. 
El pugilismo tiene una antiquísima tradición como espectáculo ritual, Homero narra en sus cantos la práctica del pugilato por ciudadanos en Atenas, esto hace unos 3000 años A.C , en la Inglaterra del siglo XVIII las funciones de boxeo a mano limpia a pesar de ser clandestinas eran espectáculos muy concurridos, en nuestro país fue en 1868 en el marco de un curioso duelo entre el francés Nicolás Poupard y el estadounidense Thomas Hoyer Monstery realizado en la Academis de Monstery ubicada en los altos del Café Concordia, que podemos poner un punto de partida para las funciones de boxeo en nuestro país.La antigüedad los eventos deportivos cumplían la función de rituales de liberación de emociones de manera pública, que en nuestra sociedad actual nos permite desconectarnos de la rutinaria y disciplinada vida laboral, esto según el sociólogo Eric Dunning en su artículo El deporte en el proceso civilizatorio, creo que en nuestro país donde la realidad es muchas veces poco alentadora los rituales deportivos como las grandes peleas, cargadas con todos los trucos del marketing cumplen esa función de evasión de la realidad cotidiana.
De esta manera el deportista se convierte en un símbolo en el que los espectadores libres de sus presiones diarias proyectan algunos de sus anhelos, en la realidad mexicana el boxeo sigue vigente ya sea como deporte de masas o como uso de deportistas símbolos para usos políticos, una formula harto conocida y practicada por los políticos nacionales.

*Estudiante de Historia de la Facultad de Humanidades UAEM.

Indignación y unión en memoria de las mujeres muertas en Morelos

Edalit Alcántara Pérez *

Sábado, 12 de enero de 2013
La compasión 
es una emoción inestable. 
Necesita traducirse en acciones, sino se marchita. 
¿Qué hacer con las emociones que se han despertado con el saber que se ha comunicado? ¿Qué hacer con las emociones de las imágenes 
que vemos en conjunto? 
Susan Sontag

Nuevamente, sentada frente a la computadora, me invade la ira al escribir sobre el tema de los feminicidios en el estado. Me contengo porque he decidido tomar la palabra para hacer memoria a las 46 mujeres muertas. Comprendo que mi ira debe convertirse en una indignación y reflexión que contagie a otras mujeres para levantar la voz y con esto me doy cuenta de que este camino no se puede andar si no es de la mano de todas: activistas, académicas, las que se encuentran en el ala gubernamental, feministas, conservadoras, mujeres urbanas, campesinas y obreras, por la sencilla razón de que la violencia feminicida y de género no distingue raza, credo o estatus social. Sin dejar de mencionar que la justicia en Morelos, y en México, está reservada sólo para los que saben hablar el lenguaje cifrado de las leyes y la manipulación de los procesos que entorpecen la justicia para las víctimas. Sólo juntas y aprendiendo el lenguaje de la hegemonía patriarcal en el poder podremos escarificar su memoria para que ésta no olvide el dolor de las madres sin sus hijas y a los hijos e hijas que inconsolables lloran el recuerdo de sus madres, me niego a que tanto sentimiento de indignación se pierda en la complejidad y engrosamiento de carpetas judiciales por la burocracia gubernamental indolente. En la unión presagio la fuerza avasallante para que se reconozca la negligencia, se imparta justicia y se pida perdón a nuestras hermanas muertas y sus familias como bien lo manifiesta nuestra compañera de lucha Marisa Belausteguigoitia: “las mujeres, a lo largo de la historia, han tenido que pedir perdón por una multitud de acciones: por querer leer, por no querer tener hijos, por quererlos y trabajar fuera del hogar, por querer placer, por querer estudiar, por querer gobernar. Uno de los signos de una sociedad democrática, que sostiene su avance hacia la vida respetuosa y digna en colectividad, es empezar a pedirles perdón por todo lo que se les ha hecho pasar, por todos los silencios, todas las torturas, todas las violaciones, todas las omisiones. El perdón acompañado de enmiendas culturales, de procesos legales, de recuento de privilegios, en sintonía con la libertad de elección, es sin duda un mecanismo profundamente reparador”.

*Estudiante de Letras de la Facultad de Humanidades UAEM.

Divagaciones del migrante del American Dream/II

Óscar Prado*
Sábado, 5 de enero de 2013

Resonaba el viento sobre el frío horizonte. Cantaban las ágiles garzas con sus blancas alas. Parecía que la noche y sus caminos se nos revelaban por fin en medio de la muchedumbre que apretujaba nuestros entrañables secretos. Esos, por los que habíamos cruzado la traicionera sierra y sus muchos barrancos; desde el frío desierto y sus auroras boreales hasta aquí, hasta el amanecer. El sufrido amanecer de los “verdes” multiplicándose en los sueños. Los que nos empujan pa’ buscarnos un porvenir. Sueños que se asoman dentro, en los recuerdos: – Luciano, recuerda que a tu padrino lo mataron esos “pinches” yankees. ¡No permitas que la suerte se te corra de las manos hijo!-. Chinto y yo no dejábamos de tiritar de frío cuando de pronto la embarcación cedió de bambolearse y mientras bajábamos como podíamos –como perros chapoteando en el agua- dos hombres altos; blancos como las tortillas después de inflarse en el comal pero amarillos como el pelo del elote, gritaban a cuanto “desgraciao” salía mojado de las orillas del Bravo: -¡Move it! ¡Move it meqsicanos!-. Nos apilaban dentro de unas viejas carretas de cedro que fueron jaladas por dos bestias una vez que estuvieron llenas. Éstas hacían un gran esfuerzo por ponerse en marcha y no ser azotadas. Las panzas de toda la paisanada que iba apretujada no dejaban de gruñir. Parecían el rumor de la gente en la plaza de un pueblo, un domingo después de misa. Caballos en la espesura de la maleza se oían seguirnos. Nuestra caravana era en su mayoría de piojosos, de sus ahora dueños los güeritos y de esos sus achichicles, los negros, que eran más tratados como animales por los primeros que como personas. Mientras tomábamos la vereda más angosta, un rayo de sol se colaba entre los tablones del nuevo mugrero en el que nos habían trepado. De pronto, súbitamente, un grupo de hombres venidos de una tierra más atrabancada, más correosa; hechos como las aves, de plumas y como los bueyes, de pieles de distintos tonos, le cerró el paso a toda la comitiva. Sus rostros detrás de franjas de pigmentos, se oscurecían como nuestra piel. Dichos hombres de cabellos largos con una mirada enjutada, enardecida por los soles que los habían ennegrecido, con armas humeantes nos bajaron a toditoshasta una loma. Sin chistar mucho juntaron a los güeros y les hicieron un boquete con sus armas a todos en la cabeza, de los cuales salieron sus ideas que lucían rojas. La sangre que corría entre nosotros olía a miedo. En su caudal vi sufrimiento, vi guerras, vi avaricia. Era sangre como la de todos, pero esta olía a pestilencia, a odio, a humillación. Era la sangre con la que cobraban la muerte de todos esos, sus hermanos, los que fueron sacrificados en las llanuras para que cruzaran las luces de esos grandes siglos XVIII y XIX; las del tren. Las de las ideas teñidas de rojo. Las de la razón. Sangre que olía a un dolor recién comenzado en aquellos tiempos. No escrito a través de palabras, pero sí grabado en la miseria de toda nuestra raza en los tiempos que le siguieron a ese amanecer de 1856. 

*Estudiante de Antropología de la Facultad de Humanidades UAEM.

Manifiesto

Everardo Perro Rabioso Martínez*
Sábado, 29 de diciembre de 2012

-Ni un paso atrás compañeros, que esos hijos de la chingada se den cuenta de que estamos unidos, si estamos juntos no nos van a poder vencer, porque el grito del pueblo unido es lo que nos mantiene firmes, lo que nos mantiene en pie de lucha, así que compañeros, los exhorto para que en esta manifestación demos el todo por el todo, para conseguir el objetivo, ese objetivo que nos va a beneficiar a todos por igual…
Saliva caía sin parar de su boca, mientras vocifera estas palabras, que no eran otra cosa que un discurso inventado 23 años atrás cuando estuvo en su primera manifestación, aquella donde por vez primera sintió el frio de las armas mallugando su piel, esa misma en donde por vez primera le estrelló una piedra al policía, si a aquel policía que sólo estaba en el cumplimiento de su deber, y que ese día no llegaría a su casa a dormir, muchas cosas pasaron hace 23 años que le permitía seguir en pie de lucha, sintiendo la rabia en la boca del estómago esperando para gritar ese gran manifiesto, la gente lo quería y lo vitoreaba, el tenia el poder de la convocatoria y sus movimientos sociales eran los mejores…
-entonces compas, hoy es el día decisivo, tenemos que salir a rifarnos el pellejo, este choque va a ser un choque de los más fuertes que hemos tenido, vienen a chingarnos ya me lo informaron, así que ármense compas, a darles fuego con fuego…
Mis ojos se abrieron enormemente mientras mi boca se apretaba, cerré los puños y mis lagrimas comenzaron a brotar, no sabía nada de eso, los estaba invitando a que murieran por la causa, y las personas estaban dispuestas a morir por esa puta causa perdida, miles de pies se multiplicaron y salieron corriendo por las angostas puertas, gritaban consignas de libertad, chiflaban, echaban porras, hoy era el día decisivo.
-hasta la victoria siempre camaradas.
Me quedé en mi silla sentada, viendo como los campesinos corrían de un lugar a otro, vi la sangre brincar por todos los lugares del viento, escuché gritos de dolor y llanto perpetuo, una causa perdida, mil vidas perdidas, el manifiesto se quedará en la memoria, esperando el momento oportuno de rebelarse, esperando el momento en que la democracia signifique democracia. Resistencia Pueblo de Tepoztlán

*Estudiante de Antropología de la Facultad de Humanidades UAEM.
Facebook: Everska Martz

Se escucha el eco del pueblo tepozteco

Angélica Ayala Galván*
Sábado, 15 de diciembre de 2012

Una vez más el pueblo de Tepoztlán resiste, alza la voz y le recuerda al gobierno que no está dispuesto a cambiar su riqueza natural y cultural por un proyecto carretero. Esta situación permite observar diversos aspectos, uno de ellos es el discurso que manejan las autoridades para poder avalar mega proyectos como las carreteras, las presas o la extracción de minerales, el cual gira alrededor de palabras como: progreso, desarrollo y desarrollo sustentable. 
Pareciera que sólo son simples palabras, sin embargo, éstas adquieren fuerza al ser concebidas por el gobierno a través de objetos y obras, esta perspectiva se ha ido naturalizando hasta el punto de crear en las personas una necesidad por consumir no sólo objetos sino también pensamientos que, las más de las veces, están encausados para que la gente crea que la acumulación es la mejor opción. El autor Marshall Sahlins expone que el desarrollo es parte de ese sistema que busca satisfacer los intereses del mercado, quien explota toda clase de recursos y después los ofrece al por mayor, restringiendo el acceso a éstos. 
Actualmente se construyen grandes obras en nombre del desarrollo, pero en realidad lo que se busca es legitimar a los gobiernos, pero más que ello, se busca satisfacer las necesidades económicas de las grandes empresas, a las cuales no les interesa en lo absoluto el bienestar de la población, ellos sólo buscan que sus negocios crezcan no importa que esto tenga que ser a costa de colocar a las personas como carne de cañón. Su Dios es el dinero y a pesar de que juran que todo es por bien de la tierra, no les importa acabar con lo que les rodea. 
Es momento de que las empresas y el gobierno comprendan que no se puede invadir territorios en los cuales, las personas han entablado una relación simbólica e identitaria, es su mundo, es su vida y ésta no debe ser destruida. Tepoztlán sigue en lucha, sus mujeres, sus hombres, jóvenes y niños tienen en claro que la tierra no se vende, se ama, se cuida y se defiende, y hay de aquellos que quieran invadirla. 

*Estudiante de Antropología de la Facultad de Humanidades de la UAEM
angyayala@yahoo.com.mx

I love my vagina. Mi cuerpo es mío

Samantha Brito*
Sábado, 24 de noviembre de 2012

Una de las vías que se ha discutido como el camino para el empoderamiento de las mujeres es el tener control sobre su vida sexual, erótica y reproductiva, es decir, decidir por la maternidad o no y ejercer su sexualidad concibiendo al placer como un elemento necesario para su bienestar. Este proceso de empoderamiento tiene distintos niveles, implica más allá de la información que pueda obtenerse o brindarse. Nos encontramos ante obstáculos de naturaleza cultural que son el miedo y la culpa como mecanismos de control sobre el cuerpo de las mujeres aunado a un aprendizaje sistemático de su propia cosificación, es decir, las mujeres aprendemos a reducirnos a un objeto, una propiedad y una víctima.
El miedo es un elemento cultural que forma parte del imaginario social sobre el control de los cuerpos principalmente los de las mujeres, lo cual trae consigo una carga simbólica que resguarda lo permisible, lo prohibido y su respectiva represión. Cuando no nos sujetamos a ese miedo histórico y accedemos a ese placer tan satanizado como es el sexual nos provoca culpa, temor, inclusive la muerte. Por lo tanto, las mujeres no concebimos nuestro cuerpo como nuestro territorio y pertenencia. Culturalmente no se nos permite concebir más allá de este sentido existencial (masculino) que nos reprime y nos mutila sexualmente, vulnerando la salud en todos sus niveles, es decir, la violencia se nos ofrece como natural, merecida y acatada so pena de transgredir las expectativas sociales y merecer sanción. 
Por esta represión cultural es que tocarnos es malo, impuro, nuestro cuerpo es sucio al igual que las relaciones sexuales, la interrupción del embarazo es un asesinato, orillándonos a aprender que estamos predestinadas a la maternidad, a la violencia en nuestras relaciones erótica-afectivas, todo ello resguardado la monogamia, la heterosexualidad y el matrimonio que sólo miran hacia la subordinación y la dependencia. Ejemplo de ello es la masturbación como una forma de autoconocimiento erótico y un elemento clave para apropiarnos de nuestro propio placer, mirarnos, atrevernos a tocarnos, conocer nuestro cuerpo en general para una detección oportuna de algún padecimiento como es el cáncer de mama. Dentro de percibir la autonomía de nuestro cuerpo está el concebir que la maternidad voluntaria y la interrupción legal del embarazo representan derechos humanos que garantizan un bienestar integral de las mujeres. 
Es decir, podemos decidir qué hacer o no con nuestro cuerpo porque sencillamente nos pertenecemos a nosotras mismas. Y este aspecto, la apropiación del cuerpo representa el camino para lograr un proceso de autonomía, reconocerse como una sujeta de derechos y que dentro de sus derechos principales está el vivir sin violencia, el derecho al placer y a la vida. 

*Estudiante de Antropología de la Facultad de Humanidades UAEM.
lamunequitaverde@hotmail.com