sábado, 28 de marzo de 2015

La nulidad de las estructuras diferenciadoras en Orlando de Virginia Woolf

Maricarmen Salazar

Virginia Woolf escribió Orlando  en 1928 y la tradujo Jorge Luis Borges en 1937. Esta mancuerna hizo de esta novela, por un lado, “una obra capital para la literatura latinoamericana” (Rodríguez: 14). Por el otro, una aportación al feminismo. Leah Leone manifiesta que “Borges hace una traducción que reorienta el texto hacia lo masculino, aunque por omisión y no por un acto subversivo” (232). Es decir, Borges se focalizó en el aspecto ficcional de la obra dejando de lado las críticas patriarcales. Esto le dio una riqueza particular a esta novela, pues contiene elementos literarios de gran valor como el uso del tiempo narrativo, de las múltiples perspectivas del yo y de los aspectos ficcionales; al mismo tiempo que plantea cuestionamientos al tratamiento que se les da a las mujeres en la literatura, a las escritoras dentro de ella y cuestiona la representación del género sexual por medio de su particular personaje.
Orlando nace como varón, pero en sus más de cuatrocientos años de vida, experimenta una metamorfosis hasta convertirse en mujer. Después de una serie de peripecias amorosas y poéticas cae en un estado de inconsciencia y despierta siendo una mujer que padece las cuestiones de la moral, la decencia y el pudor. Tiene una terrible confusión y reflexiona sobre lo absurdo de la condición de la mujer: la incomodidad de la ropa, su actitud inocente por no decir tonta, la incapacidad de exteriorizar y la imposibilidad de responsabilizarse de los propios actos. Reflexiona también, sobre su conducta cuando era varón y se da cuenta de lo injusto y egoísta que había sido. Mientras está asimilando esto, Orlando se ve obligada a casarse para ser tomada por decente para conservar sus propiedades, pues esto solo se podía si estaban casadas. Orlando conoce a Shelmerdine y sienten una gran empatía, se casan rápidamente pero él vuelve al mar, pues éste es su pasión, pero cuando el viento se calma visita a Orlando que tiene la libertad para escribir.
Entonces, por un lado la dualidad que representa Orlando muestra que no es el cuerpo ni el género lo que nos determina como seres humanos y que no hay estructuras diferenciadoras entre hombres y mujeres. Y, por el otro, la traducción de Borges enfatizó la estructura fantástica de la novela y le dio un impacto positivo. Estas perspectivas hacen de Orlando una novela vigente que ofrece una gran variedad de lecturas.

* Estudiante de Letras Hispánicas de la UAEM


sábado, 14 de marzo de 2015

Testigo

Irais Osiris Leira Castillo*

Lo vi. La puerta se abrió de golpe y entró el ejecutor jalando de una soga a la víctima, mientras su cómplice lo empujaba y lo vareaba para que no se detuviera. Con cada tirón y cada azote, el inmolado jadeaba tortuosamente, pero el cómplice y el ejecutor parecían no inmutarse ante el horroroso sonido. Lo niños jugaban en donde sería el paso de la procesión. Al escuchar el chillido abrieron camino. Dejaron de ser niños para mutarse en  cómplices. Tomaron unas varas y entraron al ritual de los azotes hasta llegar a aquel cuarto sucio y mal oliente; cuando terminaron su tarea volvieron a ser niños, pero en sus rostros había risas maliciosas e indiferentes a lo que sucedería en aquel cuarto. Continuaron el juego.  El inmolado sabe lo que ocurrirá, su desesperación le da fuerza y consigue zafarse de sus ejecutores. Trata de correr hacia algún lugar cuando un golpe en la cabeza lo ha hecho titubear, trata de percibir de dónde vino y logra ver a uno de los niños con un tubo en la mano. El ejecutor se congratula de la victoria del pequeño aprendiz de verdugo y lo invita a someter nuevamente a la víctima, que cansado y resignado a su destino deja de luchar. El cómplice ata al sujeto de cabeza y lo cuelga de una viga vieja. Su escena ahora invertida alcanza a ver al ejecutor afilando un machete. El cómplice se hace a un lado y le cede el lugar a su maestro mientras permanece en una esquina para observar la masacre. El ejecutor sujeta el rostro de la víctima quien lo mira a los ojos invocando clemencia, pero su chillido suplicante se torna más fuerte cuando siente su cuello desgarrar. El dolor es agonizante y sabe que su muerte será lenta. No pierde de vista a los ojos de su ejecutor. Continua su esperanza de que le será perdonada la vida, pero la frialdad del asesino hace más agonizante el momento al prolongar lo que le queda de vida cuando invita al cómplice a continuar la tarea. El que ahora es su verdugo titubea al sujetar el instrumento y hace más dolorosa la acción. El ejecutor interviene y le muestra que debe sujetar firmemente el machete, y da el último corte. La víctima ha dejado de chillar pero su corazón sigue latiendo escasamente. Los ejecutores bajan el casi cadáver, parece que  han terminado porque el cerdo ha dejado de moverse, pero la tarea persiste;  deben vaciar el cuerpo. Los niños continúan jugando, un rio púrpura sale del cuarto y ellos chacotean en él. Brincan y ríen.


* Estudiante de Letras Hispánicas de la Facultad de Humanidades

sábado, 7 de marzo de 2015

#3de3

Claudia Cruz*

El 7 de junio de 2015 habrá elecciones, y solo con saber los nombres de los precandidatos, podemos advertir que el proceso pinta muy aburrido, pues no hay nada interesante; sin embargo, debemos de ser atentos y tomar decisiones electorales.
Los problemas de corrupción y conflictos de interés han salido a la luz con mayor frecuencia, lo que nos indica el modus operandi de la política mexicana. Es por esta razón que el ciudadano desconfía del político. Definitivamente esto debe cambiar, debemos de ser más exigentes con la clase política. La vía para cambiar es por medio de la legitimidad y la transparencia.
Sobre este tema surge la campaña #3de3 que encabeza Transparencia Mexicana. Esta iniciativa invita a los candidatos ser transparentes, con el objetivo de que los ciudadanos tengamos más información sobre la identidad de  los candidatos. Esta campaña consiste en que los que quieran ser representantes populares hagan públicos tres aspectos:
En primer lugar una declaración patrimonial; en segundo una declaración de impuestos: por justicia fiscal los ciudadanos debemos tener la certeza de que los candidatos  han contribuido en la construcción del presupuesto público. Es importante subrayar que divulgar la declaración de impuestos no viola la intimidad de los datos personales, por ello en la declaración de los impuestos únicamente se debe publicar el acuse de recibo del pago, en la cual no incluye datos personales ni montos. Por último, se les pide una declaración de conflictos de interés. El conflicto de interés refiere a los actos frecuentes y dañinos de trastocar en la política, pues se teje el mecanismo clientelar, lo que da como resultado que los políticos dejen de servir a los ciudadanos y terminen beneficiando a sus empresas o a las que alguna vez les hizo un favor. Por ello, la campaña propone que los candidatos deben de declarar: Si participan o participaron en algún consejo de administración, así como la de su familia en primer y segundo grado; y si tienen acciones en empresas o en la bolsa. Si el candidato o político tiene conflictos de intereses no impide que ejerza un cargo público, sino que se abstenga a actuar en políticas públicas o legislaciones para garantizar la imparcialidad.
Ejemplo: José Borbolla, empresario arribista que creó una A.C para posar en las colonias más necesitadas solo para buscar la candidatura de la alcaldía de Cuernavaca, algunos de sus conflictos de interés: su estrecha relación con la familia Estada Cajigal; su  relación con el Grupo Braca a través de su esposa Elena Trawitz; y su cuñado José Trawitz, actual subsecretario de Turismo en Morelos.

* Estudiante de la Licenciatura de Historia, Facultad de Humanidades, UAEM.

@HClaudiacruz

sábado, 28 de febrero de 2015

Sólo quería la galleta

Patricia Romero Ramírez*

La mini-ficción, como Citlali Ferrer lo explica, es pasar por un embudo una gran idea y recoger solamente lo que salga del conducto delgado. Es aquello brevísimo que sin extender de una cuartilla contenga como mínimo dos personajes, una situación dramática y una profundidad.
Augusto Monterroso, escritor Guatemalteco y maestro de la mini-ficción escribió: "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí" que es conocido como el relato más breve de la literatura universal, y sobre el cual se han escrito innumerables análisis y textos.
La figura del dinosaurio remite a un animal extinguido e imposible. Un monstruo. Pero un monstruo asiduo y cotidiano a fuerza de ser convocado y modelado en sueños, de ser utilizado como metáfora en diversas esferas. No obstante, el dinosaurio puede ser también solo la figura fantástica e inocente recreada en los textos de ficción. A continuación yo presento a mi dinosaurio, inocente, cálido, lejos de ser monstruoso o político, porque también necesitamos un poco de esto en la actualidad, un pequeño refugio fantástico que nos salve de del derrumbe mundial.

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El trasero lo tenía ya entumecido, dos horas sentado en aquel árbol no eran para menos, comenzó entonces a idear una estrategia. Pensaba que si aquel grandulón se quedaba dormido, quizá podría bajar en silencio y huir de puntillas. El problema era dormirlo, ¿cómo se hace eso con un dinosaurio? La pregunta daba vueltas en su cabeza y no conseguía la respuesta.
Mientras tanto, el tiranosaurio se paseaba de un lado para otro; esperaba que el hombre decidiera bajar y le regalara una de esas galletas que llevaba en su bolsillo, ¡qué egoísta!, decía el dinosaurio, sólo quiero una galleta, no el paquete completo.
Después de un rato el hombre recordó que su madre le cantaba cuando era niño para que se durmiera, buscó en su repertorio la melodía más dulce y comenzó a entonarla. Al escuchar la primera tonada, el dinosaurio paró la oreja y prestó atención. Al contrario de lo que el sujeto pensaba, en lugar de dormir comenzó a pegar unos gruñidos impresionantes, pues la voz tan desafinada le lastimaba, lo miraba extrañado y pensaba para sí: ¡habrase visto personaje más tonto, qué aullidos! El individuo se sentía dando concierto, entonaba una y otra vez las notas de “a la rorro niño”.
No pasó mucho tiempo para que el dinosaurio desistiera y decidiera marcharse mientras a gruñidos decía: pobres de las bestias que comen humanos, qué horror y tormento debe ser escuchar cantar diario a tu comida.

*Estudiante de Letras Hispánicas de la Facultad de Humanidades, UAEM.

andro0717@gmail.com

sábado, 21 de febrero de 2015

EL GATO

Carla Martínez*

No habían revisado la cisterna de mi casa por lo menos en seis meses y cuando se detectó la fuga fue cuando nos enteramos. Saber que me había bañado por meses con agua con eses de gato me ponía la piel chinita. Durante un tiempo no pude dormir bien, estaba ansioso, escuchar maullidos en la calle me ponía a temblar y me arrancaba mechones de cabello. La gente comenzó a preguntarme por qué me desvelaba tanto. Poco a poco empecé a tener la sensación de tener pelos en mi cuerpo, el mal dormir se convirtió en insomnio. Mi día se volvió un martirio. La gente se alejaba en los camiones, en el trabajo se portaban amables pero algo había cambiado, pensé que me habían descubierto. El olor a eses de gato estaba en mi nariz a cada instante, me rociaba perfumes para que desapareciera. Me bañaba tres veces al día. Después de dos meses me mudé de casa. Los compañeros del trabajo se fueron distanciando poco a poco, mi jefe me dijo que me adelantaría las vacaciones. Durante éstas mejoré: ya no me limpiaba a cada rato, el olor de mi nariz comenzó a desaparecer, lo único que permanecía era que ver gatos o escucharlos me ponía nervioso. Mi semana de vacaciones terminó. Volví a casa. En mi trabajo comencé a ser el de antes.
Una mañana, iba rumbo a la casa de mi hermana, era mi trigésimo segundo cumpleaños y lo celebraríamos en su casa. Al llegar encontré a toda mi familia y algunos amigos. Estaba muy contento. Habían preparado mi comida preferida, fue una estupenda reunión. La hora de los regalos llegó, me dieron corbatas, libros, tazas grabadas con frases de mi poeta preferido, recopilaciones de músicos de rock, una agenda y en una caja mi sobrino me regaló lo impensable: un gato gris de ojos amarillos. La fiesta concluyó y mi hermana me dijo que después de tantas copas me quedara en su casa por esa noche. Mi sobrino insistió en que durmiera en su habitación juntos, nos llevábamos muy bien. Me solicitó que el gato se dormiría en el cuarto. Acepté creyendo que lo había superado. Era media noche y yo no podía dormir, como a la una de la mañana el sueño y las copas me cerraron los ojos. No obstante, como a las cuatro una mirada intensa estaba fija sobre mí. No lo soporté más, le clavé las uñas en esa mirada y se los saqué. Cuando reaccioné no era un maullido lo que escuchaba, era el grito de horror de mi hermana al ver a su hijo ensangrentado mientras el gato dormía en su caja de cartón.

*Estudiante de Antropología Social de la UAEM

Carlamartigon@gmail.com

sábado, 14 de febrero de 2015

Carta de un Shinigami

Rodrigo Alexander Uribe Cevallos*

No, en este momento ya no me aterra la muerte, lo que me causa temor es lo que ocurrió antes de eso. La muerte llega hasta el último segundo, y ni siquiera en ese momento se encuentra presente. De ella nunca tendrás conciencia, sólo una proyección creada por la memoria de una forma del cambio de la materia, a la que comúnmente denominan “muerte”. Y ante esa expectativa propia, se angustian. Se saben finitos, pertenecientes a lo físico, pero tienen esperanza en trascender al alimento de gusanos que daría un poco de dignidad a su existencia sintética. Pero, si es cierto que “la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma” ¿por qué crees que el espíritu habría de ser diferente? El cuerpo putrefacto regresa a la materia y su existencia dejó huellas en la memoria de los que aún están presentes. Pero nosotros ya no estamos, ya no somos; y, si algo somos, sólo podríamos ser ausencia. Porque fuimos, en nuestra presencia, el mágico encuentro de un trozo de materia con esporas de la nada. Y el terror pertenece a ese momento mágico; ahí reside la angustia, en la posibilidad del dolor y el sufrimiento. Y es cierto, a ese momento mágico también pertenecen el placer y el amor,  pero tú entiendes mejor sobre esas cosas que yo. Lamentablemente, no puedo contestarte esa pregunta. Soy un Dios de la Muerte, y la muerte no está dentro de la vida, sino que la envuelve, la asecha, la atraviesa y la absorbe. Por eso estamos aquí, para recolectar memorias. Tus recuerdos son lo que eres; el momento que vives, este tiempo presente que experimentas, está compuesto por ellos. Poder recordar es vivir, y vivir es la posibilidad de producir más recuerdos.  Pero nosotros no podemos hacerlo, por lo cual, anotaré tu nombre en mi libreta después de que me cuentes el último. Es algo inevitable. Todos llevamos nuestro nombre en la frente, y ustedes, además,  una fecha. Esta última puede cambiar, pero tiene severas consecuencias hacerlo, incluso para nosotros. Pero desde hace tiempo esto ocurre con frecuencia debido al mundo que han creado. Sin embargo, me asombró ver que anotaste tu nombre en el pedazo de hoja que te envié para que me pudieras creer. Te dije que un trozo sólo causaría un leve accidente, como una caída en bici, pero ya sabrás que jugaba. Esa fiebre pudo dejarte en coma. Sé que no entiendes nuestro humor, y te molesta, pero lo único que tenemos es eso y el gusto por las manzanas. Por último, espero no dejes de regalarme algunas, sólo así puedo comerlas y sentir su sabor.

*Estudiante de Filosofía de la Facultad de Humanidades UAEM. 

sábado, 31 de enero de 2015

Ven, chiquito

Miguel Ángel Romero Méndez*

El abuelo miró a su nieto y le preguntó: ¿quieres que te cuente una fábula?, ¿por lo de la moraleja? Pues ya te quedé mal, fábulas no me sé. Pero te puedo contar una historia donde también salen animales. Y comenzó: “en algún momento de mi vida fui jardinero. Un día, mientras barría las hojas, encontré un pájaro recién nacido bajo un árbol. Ya lo iba a meter a la bolsa cuando vi que se movió; entonces lo puse en su nido. Como los padres nunca regresaron (algún mocoso lo habrá matado con su resortera) y a la dueña de la casa le dio pena el pajarito, se encargó de cuidarlo. Gracias a sus cuidados, el pájaro no murió y a las pocas semanas lo dejó en libertad. Lejos de alejarse, se quedó a vivir en el árbol dónde lo habían encontrado. Con el paso del tiempo, aprendió a responder al llamado de la señora. Esta se paraba en la puerta y decía: “ven, chiquito” y el pájaro iba y se posaba en su hombro. Yo estaba muy sorprendido, porque siempre había creído que los pájaros son estúpidos y no me cansaba de ver como lo hacía. Llegó el momento en el que el pájaro tuvo tanta confianza con las personas que ya no respondía sólo al llamado de la señora, sino que, si yo lo llamaba, también iba y se paraba en mi hombro. Entonces Barbablanca, Barbanegra y Barbacoa no eran nada junto a mí. Todos se sorprendían cuando lo veían, todos comentaban cosas. Un día la visitaron sus familiares. Entre ellos había un niño; el clásico niño repelente: llorón, berrichudo, consentido. El niño repelente casi se muere cuando vio que el pájaro respondía al llamado de las personas. Lloró y pataleó hasta que consiguió que se lo pusieran en sus manos. Jugó con él dos minutos y después lo aplastó mientras sonreía con cara de idiota. Los padres sólo le dijeron: “no, ya lo lastimaste”. Pero no lo lastimó, lo mató.  Ese día lo enterré pero a los dos días ya no estaba; creo se lo comieron unos gatos. ¿La moraleja de esta historia? La verdad es que no sé, nunca había pensado en eso. La interpretación de cualquier cosa es siempre múltiple, casi infinita, así que la moraleja depende de aquel que lea. Podría decirte que la moraleja es que las mejores cosas del mundo son gratis o que hay que disfrutar de los buenos momentos porque se van y no vuelven, pero prefiero que la moraleja de esta historia sea que no importa lo que la vida nos regale, siempre habrá alguien dispuesto a joderlo todo sin recibir su merecido. Pensándolo bien, mejor pon la primera, no te vayan a regañar como cuando te dije que los Santos Reyes eran ladrones.

*Estudiante de Filosofía de la Facultad de Humanidades UAEM

sábado, 24 de enero de 2015

¿Qué sigue para Ayotzinapa y para México?

Angélica Ayala Galván*

En el «Festival de las Resistencias y las Rebeldías contra el Capitalismo» se reunieron en Oventik, Chiapas, el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y 31 espejos en resistencia contra diversos megaproyectos: minas, carreteras, gasoductos, presas. Los invitados de honor fueron los familiares y compañeros de los 43 desaparecidos en Iguala, quienes están conscientes que no son los únicos buscando justicia.
En esta reunión se hizo evidente que el país está en crisis, pero lo preocupante es la omisión del Estado mexicano. A cuatro meses de la desaparición de los estudiantes, las investigaciones realizadas resultan insuficientes y exponen la ineficiencia de las autoridades, la pregunta es ¿qué sigue para Ayotzinapa y para México? Por una parte, el gobierno busca dar «carpetazo» a este tipo de hechos, denigrar a los movimientos sociales diciendo que son violentos, posiblemente lo hacen para reiniciar una segunda guerra sucia como sucedió en la década de 1960 y 1970 en el estado de Guerrero.
Es innegable que las elecciones del 2015 serán un distractor, la clase política buscará dividir a la población, los candidatos llegarán a pedir el voto hasta los lugares más recónditos del país. Como señaló el papá de uno de los desaparecidos, don Mario César González «cuando nos van a pedir el voto nos dan la mano aunque la tengamos sucia».
Es en este contexto que los familiares de los desaparecidos claman verdad y justicia, hay desesperación, impotencia, pero ha sido el mismo dolor el motor para organizarse, exigir respuestas y caminar a lado de los pueblos que buscan detener a las transnacionales para que no invadan ni saqueen sus territorios.
La propuesta del Festival de las Resistencias es pasar de la indignación a la acción, crear la justicia desde abajo, regresar al trabajo comunitario, impulsando los ayuntamientos autónomos por medio de los usos y costumbres. La normal de Ayotzinapa seguirá con la búsqueda de los estudiantes y a la par buscará ser autónoma. Es un momento clave para México, construir y regresar a las formas de organización autónomas o quedarse en el país donde nunca pasa nada.

* Estudiante de Antropóloga Social de la Facultad de Humanidades, UAEM.

sábado, 17 de enero de 2015

Todos somos… ¿quién?

Patricia Romero Ramírez*

En los últimos tiempos, han surgido movimientos sociales a lo largo de todo el mundo, pues el descontento general es cada día más visible en la población. “Todos somos Ayotzinapa”, “Je Suis Charlie” y “Yo soy 132”, entre otros, han logrado, unificar de alguna manera a la gente, con la intención de hacer eco del descontento, de la rabia y la indignación por los muertos, el fraude, los atentados, la inseguridad y las injusticias mundiales en general.
Unirse a un movimiento y protestar contra los Estados fallidos es un punto de comienzo y una esperanza para que la situación en el mundo cambie; sin embargo, de pronto olvidamos que no solo es el caso de los 43 estudiantes desaparecidos, sino de los miles de ciudadanos, no solo mexicanos sino también extranjeros, que han desaparecido en México, aquellas mujeres, víctimas de un sistema machista y patriarcal, que día tras día desaparecen para después ser encontradas –si es que son encontradas− murtas, violadas, mutiladas, tiempo después. Asimismo, olvidamos que no solo es un atentado en Francia contra el Charlie Hebdo, sino todos los ataques que la prensa sufre diariamente. La libertad de expresión ha sido siempre coartada, los medios son manipulados y la información llega siempre solo a unos cuantos. Las amenazas y los atentados no caen únicamente en las oficinas de los diarios, sino también en los reporteros, en los periodistas independientes, bloggeros, activistas sociales, entre otros.
Cada movimiento es un grano de arena y un detonante para que la bomba por fin estalle, para que se produzca un cambio radical a nivel mundial; sin embargo, es necesaria la solidaridad y la unión de cada uno de los movimientos, necesitamos una movilización global. Cada uno de nosotros es ese muerto inocente en la guerra, el periodista asesinado, la mujer violada o asesina, los niños de la guardería ABC. Los movimientos no deben ser excluyentes, hay una necesidad de ser inclusivos, de aprovechar todos los momentos para alzar la voz, para que cada caso anónimo se convierta en público. Como dice Ismael Serrano, “la tristeza, si es compartida, se vuelve rabia que cambia vidas”, y compartir esa tristeza debería ser la bandera y el bastón.

* Estudiante de Letras Hispánicas de la Facultad de Humanidades, UAEM.
andro0717@gmail.com

sábado, 3 de enero de 2015

Ayotzinapa

Claudia Cruz*

Si ponemos las palabras violence, corruption and Mexico en la sección de noticias de Internet, vamos a encontrar reportes de la prensa internacional sobre el caso de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. La razón es claro, pues se trata de un caso  abierto en el que no ha llegado la justicia y  no se han solucionado los problemas de fondo, lo que hace probable que sigan habiendo desaparecidos  por parte del Estado. El problema no se puede superar hasta que haya justicia y se garantice la vida, mientras vamos a seguir encontrando corrupción, violencia y México relacionados con Ayotzinapa. 
En el ambiente se percibe la indignación y el enojo, y es que el suceso per se es inadmisible y el agregado por la manera en el que el Estado y las instituciones han respondido ha provocado movilizaciones masivas a nivel nacional. Hay un sentimiento generalizado en la sociedad mexicana, pues día a día nos encontramos con casos de corrupción, de muertes, de impunidad lo que hace que  esto no es un tema nuevo. Es por eso que el caso Ayotzinapa tiene tanta fuerza.
Este movimiento dentro del contexto nacional se ubica en una serie de sucesos donde la población ya se venía expresando por lo menos desde el 2011: El Movimiento de Justicia y Dignidad que encabezó Javier Sicilia por la dolorosa muerte de su hijo y el movimiento No Más Sangre en el 2011 que quería revertir la guerra contra las guerras; el movimiento estudiantil #YoSoy132 que rechazaba la manipulación mediática en el 2012 y las movilizaciones posterior a las elecciones que rechazaban a Enrique Peña Nieto como presidente; en el 2013 con las reformas energéticas y éste año el caso de Ayotzinapa. Los movimientos anteriores no han fracasado del todo, pues han ido más allá de su propuesta inicial, sobretodo han sembrando semillas de conciencia, lograron que la misma gente siga participando y que otros sectores de la población se una. Estos movimientos de los últimos años son coyunturales, son síntomas de una sociedad más organizada, más informada, más activa, es síntoma de una transición hacia algo, que espero, sea mejor. El caso Ayotzinapa ha logrado unir de nuevo a la sociedad, a sacarla del sofá para manifestarse, a luchar por un México mejor.  

* Estudiante de Historia de la Facultad de Humanidades, UAEM.
@HClaudiacruz


sábado, 27 de diciembre de 2014

Ni una bala más

Mauricio Morales*

Una bala está adentro del revólver. Las balas perdidas nunca llegan a su destino, ¿o sí? Por eso, desde ahora me convierto en un abstemio del armamento y de la violencia. No fui hecho para ese trabajo ni para generarlo, o tal vez esté a punto de cambiar de parecer.  
Son las cuatro y media. Me encuentro pensando la situación. Dos balas perdidas han causado problemas antes en mí. El primero fue el remordimiento; el segundo fue presenciar una pérdida involuntaria. No sé qué hacer. Me atrae mucho Karina, como para dejarme seducir y cumplir su voluntad, pero eso también significa guiarme por el deseo, el deseo de estar con ella. Quizá su padre es un obstáculo. Puede ser que el destino haya puesto esta arma en mis manos. Ya no sería una bala perdida, sino una bala bien aprovechada, una bala justiciera. Es hora. Saco el portafolio gris con el arma y la única bala que le queda. Me dirijo a su casa.
Llego a su patio. Está afuera. Me estoy acercando a ella. Nos vemos con un gesto de alegría. Pero qué… ¡si es su padre golpeador que está tras su espalda! Pretende golpearla, pero esta vez no pienso permitirlo. Abro el portafolio y tomo el arma sin importarme dónde estoy. Disparo contra él. Ella grita. ¡¿Qué hice?! El padre la había puesto enfrente de él para evitar ser herido. No puede ser. Otra bala perdida. Esa bala no era para ella, sino para él. Corro hacia ella y pido auxilio sin recibir eco, mientras el maldito me muestra una sonrisa burlona. Patrullas se escuchan desde lejos. Vienen por mí, lo sé. Afrontaré mi verdadero destino ahora. Un destino producido por las balas.
Toda bala es perdida. Toda bala ha sido perdida. Todas las balas que accioné son perdidas. Algunas para bien, otras para mal. Unas salvan, otras destruyen; destruyen la vida de otros, la vida de uno mismo. Unas son justicieras, otras transgreden la justicia. Desde ahora ni una bala más, ni una munición que represente dolor o destrucción, destrucción de individuos, de sociedades, de seres humanos. Sé que no por tomar esta decisión pararán los actos de violencia armados, pero sé que habrá un asesino menos en este mundo, un asesino involuntario si me puedo nombrar a mí mismo así. Las balas no terminarán de lastimar, la diferencia está en el uso efectivo que puede hacer un individuo de ellas. Las balas perdidas no valen menos que las balas “bien intencionadas”, ambas matan, únicamente el blanco cambia. Por eso, toda bala no debe ser perdida, ni siquiera debe de existir en el espacio, ni una, ni una bala más.


* Estudiante de Historia de la Facultad de Humanidades, UAEM.

sábado, 29 de noviembre de 2014

A cinco horas y el mundo de cuatro dimensiones se descubrió

Carla Martínez*

Faltaban cinco horas para que Santiago obtuviera el grado de doctor en Filosofía de la Ciencia. Abrió lentamente los ojos, colocó las manos debajo de la cabeza, flexionó la pierna izquierda mientras la otra quedaba paralela a la cama y miró fijamente el techo blanco de su habitación. Tomó su celular y le dio un vistazo a las noticias en su portal preferido. En primera plana aparecía: “Curiosity transmite imágenes de un universo de cuatro dimensiones”.
De inmediato salió de la cama y fue directo al ordenador, quería saber más detalles acerca de la noticia; entonces se enteró de que este universo tenía habitantes, quienes también eran de cuatro dimensiones. La NASA y los principales institutos de los países del G20 ofrecían trabajo a filósofos, antropólogos, sociólogos, politólogos, escritores, astrónomos, traductores, arquitectos, artistas y cualquiera que pudiera colaborar en responder la pregunta: ¿cómo explicarle a los humanos la posibilidad de un universo de cuatro dimensiones? esto con el objetivo de que se pudiera establecer contacto entre ambos mundos.
Santiago no lo dudó y empacó para ir a Chile, al Centro astronómico ALMA, el más grande y potente (al menos desde las definiciones de este mundo de tres dimensiones). Al llegar al sitio, la pregunta estaba respondida. No fueron los grandes especialistas los que dieron solución, sino que mujeres, homosexuales, bisexuales, transgéneros y otros representantes de grupos que han estado en lucha por reconocerse como habitantes con derechos igualitarios. La respuesta la dieron todos  apuntando a una idea común: “Llevamos mucho tiempo tratando de que comprendan que hay otras formas de vivir alternas a las que se define como las «normales», es por esto que tenemos un ejercicio de antaño de hacer explicitas las diferencias para explicar lo común entre nosotros”.
Los periodistas estaban subiéndose a sus respectivos carros, la rueda de prensa había terminado cuando Santiago bajaba del taxi; aún estaba a tiempo para ir a su examen, no obstante, decidió no ir porque su tesis sería destruida con la noticia de un mundo de cuatro dimensiones. Actualmente, él es editor en una revista literaria llamada Dimensiones des-conocidas, que se encarga de des-escribir, es decir, escribir los textos más conocidos de este mundo (planeta Tierra) en textos que describen todo en cuatro.

*Estudiante de Antropología Social de la Facultad de Humanidades, UAEM.

Carlamartigon@gmail.com

sábado, 22 de noviembre de 2014

Repensar la Revolución Mexicana

Mauricio Morales*

Cada año los mexicanos conmemoramos la Revolución mexicana, un movimiento bélico de corte político-social que transformó la vida nacional. Celebramos a nuestros “héroes” revolucionarios que contribuyeron a despojar a Porfirio Díaz del poder, con el objetivo de crear un Estado más democrático. Me atrevo a entrecomillar el calificativo de héroes, precisamente porque personajes como Zapata, Villa, Carranza o Huerta fueron considerados unos bandoleros, impostores o saqueadores en su tiempo. Por ello, vale  la pena preguntar: ¿qué celebramos entonces?
La invitación es la siguiente: repensar la Revolución mexicana. Si escudriñamos un poco este acontecimiento histórico, nos daremos cuenta que quienes “ganaron”, por decirlo de alguna forma, no fueron los pobres, sino los dirigentes de masas, los que tuvieron los medios para conducir la Revolución a un fin particular. La Revolución mexicana, de acuerdo con la definición de Arnaldo Córdoba, ha sido conceptualizada como “democático-liberal, agraria, popular y antimperialista.”
La Revolución mexicana tenía como objeto mejorar las condiciones de vida de los sectores sociales más desprotegidos: los obreros y los campesinos. No obstante, quienes más se beneficiaron de la lucha armada fue la clase media emergente, así como miembros de la clase alta proveniente del porfirismo. No resulta sorpresivo dicho resultado. Si Porfirio Díaz había justificado su estancia en el poder porque el pueblo mexicano no estaba preparado para la democracia, cabe preguntarse lo siguiente: ¿y después del porfiriato sí? No lo creo.
El balance crítico de la Revolución se traduce en una sociedad desfragmentada, donde los pobres o las clases más marginadas sufrieron los estragos causados por los políticos que se encontraban en el poder; las clases medias, por su parte, buscaron ascender social y políticamente; y por último, la clase alta se supo manejar en el contexto bélico con tal de no perder sus privilegios.
Ahora bien, ¿por qué es tan importante recordar la Revolución mexicana año con año? Precisamente porque fue una guerra civil que nos invita a pensar, o a repensar que los mexicanos si no nos ponemos en un proyecto mexicano común y justo para todos, tal y como sucedió con los constantes desacuerdos entre los bandos revolucionarios, seguiremos repitiendo la misma historia. Hoy por hoy, seguimos arrastrando esa pesadilla de la Revolución, anhelando lo que todavía no tenemos: consolidarnos como un país fuerte, con justicia social y democrática.


*Estudiante de Historia de la Facultad de Humanidades, UAEM.

sábado, 15 de noviembre de 2014

De Diógenes a Descartes.

*Miguel Ángel Romero Méndez      

El día de hoy, durante mi recorrido, fui testigo de un incidente digno de contarse: recorría el parque de los tlacuaches, aproximadamente a las 20:00 hrs, cuando me percaté de que dos personas discutían. Me acerqué y pregunté qué pasaba. El primero en responder fue el que se identificó como Diógenes Uribe, que dijo ser “filósofo, consejero aúlico de la verdad, maestro de los misterios pitagóricos y guardián de la casa del Ser”. Dijo que “repasaba el antiquísimo problema de la posibilidad de existencia del vacío” cuando percibió “clara y distintamente” que se acercaba a él “una jauría de perros ferales que parecían descender del mismísimo Cerbero”, frente a los cuales “Escila y Caribdis daban risa” y de la cual sólo pudo escapar gracias a que en su mochila llevaba varios voluminosos volúmenes de Hegel, con los cuales se defendió como la Providencia le dio a entender y gracias a los cuales pudo “salir airoso de tan difícil trance”. Afirmó que no era la primera vez que resultaba atacado por esas “bestias del infierno” y que la propietaria de tales fieras estuvo presente durante el ataque “sin inmutarse ni parpadear pese que a que estaba en riesgo una mente brillante”. La dueña de los canes, de nombre Irene Menchaca, rechazó la versión del filósofo. Dijo que no existía tal jauría de perros, que uno de los perros apenas medía veinte centímetros de alzada y que en ningún momento lo atacaron; que varias veces lo había sorprendido jugando; que esta ocasión no fue diferente y que vio  los perros jugaban con él antes de que estos le arrebataran la bolsa que traía en la mano y “el maniaco” empezara a perseguirlos mientras gritaba que no dejaría “que unos cuadrúpedos se burlaran de la especie de los bípedos implumes”. El filósofo Diógenes negó rotundamente que fuera cierto, pero posteriormente señaló que probablemente las personas tenían razón puesto que “no sería la primera vez que los sentidos engañaran a una persona”, incluso si la persona “es un filósofo de futuro prometedor”. Que sí, que recordaba “no en un sentido platónico sino en un sentido pedestre”, que había jugado con los perros, puesto que era más schopenhaueriano que spinoziano; que los perros le habían arrebatado la bolsa que contenía “una exquisita pata de vaca”; que los persiguió durante un rato antes de que su carrera fuera frenada por una bolsa de mano que se estrelló en su cara; que se levantó  y que por eso discutían.  Les dije dejaran de discutir y en su lugar  expresaran que necesitaban para zanjar el problema. Ella dijo que una disculpa por tratar mal a sus mascotas. Él dijo que  no tenía problema en disculparse siempre y cuando le repusieran su pata de vaca. Ella dijo que no tenía pata de vaca pero sí unas albóndigas. Él dijo que la res; pensante, extensa, en forma de pata o de albóndigas no deja de ser res y aceptó de buen modo.


*Estudiante de filosofía de la Facultad de Humanidades UAEM

sábado, 8 de noviembre de 2014

Hoy el dolor recorre Iguala

Carla Natalia Martínez González*

El olor a incertidumbre invade la plaza, el dolor se siente en cada paso que doy. “La muerte está aquí”, dijo mi abuela, “nos vino a rasgar el alma”. Esta frase se quedó en mi cabeza el día de ayer. Desde el 27 de septiembre hay un silencio solemne en México, aunque la vida parece igual de rutinaria, todos y todas sabemos que ya nada es igual, ni lo será. Los seis asesinatos y la desaparición de cuarenta y tres estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa son actos reprobables y de los cuáles alguien tiene que ser responsable.
Han pasado más de cuarenta años desde la matanza de 1968 y parecieraque el Estado  padece de ceguera y sordera para juzgar a las autoridades responsables de estos actos contra la humanidad. No podemos callar ni dejar de denunciar estos crímenes. La consigna: “Ayotzinapa somos todos (as)” es un grito desesperado por externar que los asesinos y las desapariciones no pueden continuar como si nada hubiera ocurrido. ¿Acaso la vida de estos cuarenta y tres desaparecidos y seis asesinatos no es igual a la de los hijos e hijas de los responsables?
Hoy las aulas están vacías, cientos de estudiantes de varias instituciones educativas se han sumado a dejarlas para decir basta. Esto no tendría que estar sucediendo, sin embargo, hemos sido testigos desde hace cuarenta y seis años de estos crímenes generados por la corrupción de las autoridades. Menciono a la corrupción porque, para el caso de Iguala, era un hecho que el presidente municipal tenía vínculos con el narcotráfico a través de los familiares de su esposa, lo peor es que las autoridades locales y estatales y federales estaban al tanto. Incluso,  el presidente de Igualafue demandado hacía unos meses por desaparición y asesinato de un grupo de personas de Iguala, ¿y qué hicieron las autoridades? Nada. Ahora vivimos las consecuencias de esta ineficacia.
Apoco más de un mes de la muerte de los seis muchachos de la normal de Atyozinapa, un aire frio recorre Méxicoy se ha hecho más perceptibleahora; desde hace varias décadas ha ido creciendo: muertos (as) y desaparecidos (as) en la guerra sucia, las muertas de Ciudad Juárez, los desaparecidos (as) y muertos (as) por la “guerra” del narcotráfico, los (as) niños (as) calcinados (as) en la guardería ABC… la lista es larga y están impunes. Este aire frío de dolor no puede seguir creciendo en México.

*Estudiante de Antropología de la Facultad de Humanidades, UAEM.


carlamartigon@gmail.com 

sábado, 1 de noviembre de 2014

Diablo cotidiano

José Alejandro Ramos Soriano*

En el libro Historia del diablo, siglos XII-XX, el historiador Robert Muchembled plantea que en el siglo XX la figura del diablo ha pasado a ser un elemento cotidiano dentro de la vida occidental, y que ha perdido su capacidad de causar terror a las almas mortales. ¿Acaso la sociedad actual ha convertido a la figura diabólica en un bien de consumo más? Desde hace mucho el señor de las tinieblas ha pasado a ser una figura recurrente que adorna portadas de discos compactos, logos de equipos deportivos, o personaje de series infantiles. Asimismo, se ha convertido en parte de la tradición del día de muertos, la cual es ahora un hibrido cultural entre la cultura mexicana y la estadounidense. También encontramos a este personaje entre las bellas artes. En la obra El diablo me obligo, del escritor mexicano F.H Hagenbeck, se hace una burda alusión al personaje, donde seres celestiales e infernales luchan entre ellos para diversión de los humanos, y las apuestas y el tráfico de influencias no faltan.
Durante el siglo XX la representación de la maldad ha sido trasladada del panteón cristiano a una maldad más real, encarnada en los conflictos bélicos y el crimen; es decir, la maldad  se comenzó a representar como un elemento más humano y no de influencias divinas. De esta manera el antiguo símbolo de la maldad parece ser manejada a la voluntad del ser humano, lo que resulta aún más demoniaco. Esto ha permitido que la visión de la población se mueva del nivel mítico hacia una manera más humana de pensar, lo que nos ha llevado a confrontarnos con la imagen de maldad más real y original: la propia.
Sería interesante reflexionar de manera histórica la relación que actualmente tenemos con la figura del diablo, además de contextualizar “la maldad” es nuestra vida cotidiana sin un enfoque religioso. La obra de Muchembled actualmente goza de una vasta popular, y nos permite dar una mirada retrospectiva a uno de los aspectos más antiguos e importantes de la cultura occidental, el cual sin duda sigue siendo parte de la mentalidad común, aunque ahora se manifieste o represente con otros símbolos.


*Estudiante de Historia de la Facultad de Humanidades, UAEM.  

sábado, 25 de octubre de 2014

Respuesta al distinguido y erudito Dr. Schlome Brennersohn

Rodrigo Alexander Uribe Cevallos*

Aprecio sus comentarios hacia mi obra “Para fabricar auroras”. No esperaba que alguien con sus conocimientos, y consagrado al estudio con tanta devoción, tomara unos minutos para leer mi pequeño panfleto. He de advertirle que no es mi intención elaborar un sistema filosófico, mucho menos pretendo adornar esta mísera existencia con títulos tan excelentísimos, pues “pienso que lo que me obliga a escribir es el miedo a volverme loco” (Bataille, “Prefacio”, Sobre Nietzsche). Miedo a volverme loco, pero no miedo a la locura. Pues en el delirio (del latín delirāre: de [prefijo de alejamiento], lira [surco]; es decir, alejamiento del surco. Expresión que surgió en la agricultura y se utilizó para denominar una afección del alma que se interpretaba como un “alejamiento de la norma”) podemos obtener manifestaciones fenoménicas que de otro modo no son posibles, y por ende principios y categorías que nuestra experiencia, a la cual denominamos “normal”, no puede transmitirnos. La Norma, en nuestros días, se encuentra viciada por intereses ajenos al próspero porvenir de los pueblos, y como dicen los antiguos a cane muto et aqua silente cave tibi, pues de quien maquina sus propósitos en la sombra siempre hay que tener desconfianza, y a fructibus cognoscitur arbor, pues las consecuencias de este sistema económico-político son más que catastróficas. La discusión entre la Libertad y la Necesidad, tan comentada por las luminarias de nuestro siglo, hoy más que nunca es fundamental en nuestras sociedades. Es por ello que la noción, no me atrevería a llamarlo concepto, de la “causalidad contingente”, intenta salir del atolladero ontológico en que ha concluido el pensamiento de nuestra época. Y es que, “si el ser es en la raíz acto, es decir, interior a sí; si es un en sí que es también un por sí, es evidente que hay identidad entre el ser y su propia justificación. De donde la imposibilidad de separar la ontología de la axiología. […] es imposible al intelecto sentar afirmación alguna sobre uno de los modos del ser sin asignar a éste un carácter que hace de él al mismo tiempo un objeto del querer. ” (Louis Lavelle, “Ser”, Introducción a la ontología). Por ello, no sólo debemos hablar de la “determinación necesaria” de los objetos de nuestra experiencia, sino también de la “determinación contingente” de nuestros deseos por dichos objetos, ya que si nuestros principios ontológicos moldean nuestros principios volitivos a través de nuestros deseos, es muy posible que el proceso pueda invertirse. Pero aquí he de emular la humildad de Spinoza, que usted había recuperado en su epístola, al decir que “por el momento no puedo explicar esto más claramente” (Ética, II, 7, Escolio).

*Estudiante de Filosofía de la Facultad de Humanidades UAEM. 

sábado, 18 de octubre de 2014

Al muy noble y docto señor Lazslo Szesz

*Miguel Ángel Romero Méndez

Nobilísimo señor:He leído  su libro “Para  fabricar  auroras”  y  apruebo de buen grado lo  que ahíexpone.  Si tuviera que definir su obra en pocas palabras, diría que es el acto dehumildad más grande que he visto  en  filosofía  desde aquella  declaración  queSpinoza hizo en el segundo libro de su “Ética”. Los filósofos hemos reflexionadodurante siglos acerca del el mejor modo de gobernar, el mejor modo de pensar, elmejor modo de vivir. Pero pese a que esto significa pensar la totalidad, lo hemoshecho tomando lo subjetivo como ser originario y el resultado ha sido que hemosterminado por negar al individuo. Bien cierto es que, a lo largo de la historia, los filósofos “dirigidos fatalmente por sus instintos han corrido hacia alguna cosa que para  ellos era  «verdad»,  para  ellos  y  sólo para  ellos”  (Nietzsche,  Fragmentos póstumos,  W II  5,  142).  Durante  siglos hemos  tratado  de  imponer  una  cierta racionalidad pero no por enseñar a pensar. Es por eso que todas las propuestaspara alcanzar un orden que termine con el caos, fracasan una y otra vez; y pese aello, nos empeñamos en repetir el mismo método. Erróneamente se cree que lasolución es responsabilidad de unos cuantos y arrogantemente creemos que esospocos predestinados somos los filósofos. ¿Cómo no habría de estar condenado al fracaso  todo  intento  por mejorar  el  mundo  si  quienes  se  dedican  a  encontrar soluciones  lo  hacen como  si  pudieran  ver  las  cosas  sub  specie  aeternitis,olvidando  que  hay una  multitud  de  detalles  y  situaciones  específicos  que determinan  la situación  (lo  que  escuchamos,  el  lugar  donde  nacemos,  las personas con las que nos relacionamos)? Dicho de otra manera, si se olvida que lo único necesario en este mundo es que el Azar determina lo que acontece. En este sentido coincido con usted cuando dice que intentar decir cómo solucionar los problemas  de  la  humanidad,  debemos  preguntarnos  si  es  posible hacerlo,considerando que “este mundo es una red tejida no por la causalidad ni por la casualidad, sino,  en todo caso, por una causalidad posible” (p.  158),   si estos problemas “no serán producto de una cierta forma de pensar” (p. 160) y en caso de ser así, si es posible pensar de otra manera. Por el momento me veo impedidoa comentar más a fondo lo que expone en su libro, pero espero que en el futuropueda hacerlo. 
*Estudiante de filosofía de la Facultad de Humanidades UAEM

sábado, 11 de octubre de 2014

Del espejismo

Patricia Romero Ramírez*

Día tras día nos paramos frente a la ventana a ver cómo el mundo se cae a pedazos. Antesquedaba  la  esperanza  de  que  en algún lugar  hubiera  un refugio,  algún lugar  al  que  sepudiera llegar a sobrevivir con tranquilidad. Hoy, en cambio, se puede voltear a cualquiersitio con la seguridad de que no hay esperanza. Aquí hay una guerra, allá el terrorismo haceestallar  un  sitio  en cualquier  momento,  acullá  se  matan  y  se  persiguen estudiantes,librepensadores. Lo mismo es Israel que España, Chile o México; la libertad condicionadade la que "gozamos" se amenaza al salir a la calle, al hablar, al pensar, al criticar o protestar.La gente lo sabe, se queja, pero no despierta y no piensa despertar, parece que vivimoscontentos  con el  miedo,  con las  deudas  y  con el  estrés  de  una  cotidianeidad  que  nosconsume. Vivimos en un espejismo, una ilusión de confort creada para nuestras necesidadesinventadas.  Buscamos crear ese algo  que nos repita que de algún modo todavía somosfelices.  Intentamos  no  escuchar  que  afuera  hay  un
disparo,  un  grito,  un  enfermo,  unmiserable o un desaparecido que pueda aparecer en cualquier sitio, sí, pero muerto. Y entretanta indiferencia, entre tantos disfraces, ¿cómo iremos vestidos cuando la realidad  nosllame a la puerta?, ¿qué haremos cuándo nos escupa a la cara ser tan irresponsables, tantorpes? Siempre nos compadécenos de ellos, de los otros, y es que a nosotros no nos pasa,nosotros tenemos la dicha y la  comodidad de solo ver desde la venta,  de solo tener lanecesidad de mandarles algunas palabras de aliento, una consigna. 
Un día la realidad será tangible, nos llegará la guerra y el hambre, y un millón de sueñosrotos y futuros que no llegan. Por lo pronto parece que esperamos, y querremos despertar eldía que pasemos de testigos a víctimas, el día que quizá sea tarde para un hermano, unprimo, un amigo, un padre o para uno mismo. Mientras seguiremos observando a aquellosque cargan con el peso en los hombros, que buscan la forma de romper este espejismo, detrazar otro futuro, algo nuevo y mejor para todos. Quizá con esto un día la fuerza nos lleguea los pies y nos den ganas de salir para hacer algo, para dejar de pagar la crisis y el fraude,para dejar de recoger migajas. Quizá un día por fin salgamos, hagamos algo, cambiemosnosotros para cambiar el  pequeño mundo en el  que nos sumergimos a diario,  quizá dealguna manera aún podamos lograr sentirnos más vivos.

*Estudiante de Letras Hispánicas de la Facultad de Humanidades, UAEM.